miércoles, 17 de noviembre de 2010

Perdidos

Es indudable que, en el fondo de la naturaleza humana, incide un misterioso afán de autodisolverse en la comunidad; permanece inextinguible nuestro primitivo impulso de encontrar determinado sistema religioso, nacional o social, que aporte para el total de la humanidad, con toda justicia, una paz y un orden definitivos. El Gran Inquisidor de Dostoievski muestra, con dialéctica cruel, cómo la mayor parte de los hombres temen realmente a su propia libertad, y, en forma positiva, por fatiga frente a la agotadora pluralidad del problema, frente a la complicación y responsabilidad de la vida, la gran masa anhela una mecanización del mundo por medio de un orden definitivo, aplicable a todos, absoluto, que les quite de encima el trabajo de pensar.

(Stefan Zweig, Castellio contra Calvino)