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sábado, 20 de abril de 2013

Democracia, representación y escrache.



En esta entrada del blog de Milagros Pérez Oliva, tal como entiendo, hay algunas «verdades» relativas a «la democracia», verdades que a algunos escuecen mucho, pero que es necesario tomarlas en serio. 

La democracia es representación, siempre lo fue y lo será, o no será democracia. Ahora bien, representación no significa ni cesión ni delegación de la voluntad. La representación es tanto el gobierno de la mayoría como que este se ejerza contando con las minorías. Y esto se sustancia en algo más que meros procedimientos que solo sirven para dar el pego, que se dice. Sin debate, es decir, sin concurrencia pública (incluida la parlamentaria) de razones y argumentos, aumenta el déficit de representación, por mucha mayoría que se represente. Las mayorías democráticas lo son (democráticas) porque tienen voluntad efectiva y eficiente de incorporar las buenas razones que hubiere incluso en los chillidos de los simios gritones de los parques zoológicos. Cuando los procedimientos son democráticamente operativos, se desprende de ellos un inconfundible olor a sensibilidad y pasión por la democracia, por la ampliada representación, que es bastante más y mejor que una mayoría absoluta o una unanimidad por aclamación. Tal vez, un gobierno no pueda hacer sino lo que hace (o le mandan hacer), pero lograr que las instituciones funcionen hasta el máximo de su potencial democrático está en el deber del gobierno y del partido que lo sustenta. Y si la oposición y parte de la ciudadanía grita, también habrá que filtrar lo razonable que hay o haya en el grito. 

El escrache no es democrático, como bien ha argumentado Patxo Unzueta en un artículo, pero ante él no se puede reaccionar haciendo que el Parlamento no sea parlamento, es decir, que se desnaturalice en su condición representativa, o sea, democrática. El esencial incumplimiento del programa electoral, del partido del gobierno actual, se refiere a lo que en él tenía que ver con la denominada «regeneración democrática». Entre los hunos y los hotros, que dijo Unamuno, estamos que no estamos.

martes, 27 de marzo de 2012

ELEGÍA

ELEGÍA A ESTEBAN MOLINA
(A mi cuñado Esteban, al
que tanto quise desde lo más hondo.)

Hoy mi corazón está combatiendo
contra la pena que me has dejado,
y sin embargo, lo noto latiendo.

Gracias Esteban por haberte amado
de veras con mi puro sentimiento,
por quererte tanto como loado.

Tu muro fuerte lo derribó el viento
como una enérgica rosa indefensa,
sin respetar apenas tu cimiento.

Tampoco veneró tu vida densa
cuajada de hermosa filosofía,
la muerte, tan infame y tan inmensa

Que segó bruscamente tu alegría.
también la mía, profesor querido,
que no sé, si recobraré algún día.

Contigo la justicia no ha servido
para juzgarte altiva y dignamente,
por como siempre eras, por como has sido.

Yo, bien guardado, te llevaré en mi mente,
y te seguiré amando hasta que muera,
como tus buenos amigos…, tu gente.

TATO.
24 de Marzo, 2.012

sábado, 11 de febrero de 2012

El asunto Garzón: democracia y conciencia

En la entrada de este blog correspondiente al 20 de enero de 2012, con título "Panóptico y panaudio", se sostenía la idea de que el centro del asunto Garzón estaba en "forjarse una conciencia tal que se haga lo que se haga no se es consciente de actuar contra la ley". Hoy, dos semanas después y tras conocerse ayer la sentencia del Tribunal Supremo en el que se conoce como caso de las escuchas de Gürtel, se comprueba que esa idea no sólo se deduce del decir y hacer del magistrado, ahora ya condenado por el Tribunal. En efecto, ha sido el mismo Garzón y una hija suya quienes de forma explícita han venido a confirmar mucho más que la verosimilitud de lo sostenido en este blog. Por parte de Garzón,  en su alegato final de otro juicio que se sigue contra él por el caso conocido como la investigación de los crímenes del franquismo, este magistrado ha declarado que el tribunal del hombre es su conciencia y que la suya está tranquila. Asimismo, por otro lado, María Garzón -hija del magistrado- hizo pública ayer -tras conocerse la sentencia que condenaba al magistrado Garzón en el caso de las escuchas- una carta cuyo final era el siguiente: "Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila".
Hasta donde me alcanza, sólo un columnista de los diarios de mayor tirada acogió ayer la cuestión de la conciencia (o autoconciencia) de Garzón como la temática central de su artículo. El titular de éste, Santiago González, despliega muy agudamente los graves peligros de basar y justificar la acción de la justicia democrática en la conciencia de los jueces. Tan solo esto sería suficiente para que los demás ciudadanos fuésemos tomando conciencia cívica del verdadero alcance de un tal fundamento. ¿Cabe, en sentido democrático, autosometerse a la conciencia del Uno?  ¿Cómo es ésta conciencia del Uno: laxa, rígida, universal, personal, de clase, jurídica, política, moral, religiosa, desdichada, etc.? Esta es la principal conexión que el asunto Garzón tiene con la dimensión de LO político y de LO moral. Del aspecto jurídico-legal se ha ocupado el Tribunal Supremo y, en caso de recurso, lo harían otras instancias. Y de su vínculo con LA política y LA moral, ¿quien se ocupa? Pues está a la vista: los voceros, y no precisamente de la justicia, sino de la consigna y del tópico partidista. Por cierto, especie esta -la de los voceros- muy extendida a izquierda, derecho y centro. Es la única que no sufrirá recortes y si se apura hasta recibirá subvenciones.

miércoles, 8 de febrero de 2012

"El Valle de los Caídos"

- He leído a algunos que defienden la propuesta de dejar que el Valle de los Caídos se vaya cayendo solo. Además, los hay que no están de acuerdo con realizar intervenciones destinadas a asignarle una nueva significación. ¿Cómo ves todo esto?
- Hombre, tú sabes cómo pienso que debe comportarse, moral y políticamente, el presente con su pasado. Por eso creo que sería un error limitarse a acompasar, con cierta lógica evolucionista, el paso del tiempo y conformarse con ese ajuste de cuentas que, a su modo, son el deterioro y la ruina. Ciertamente, me parece que la injusticia del monumento no consiste en la transgresión de los límites del poder humano frente a potencias sobrehumanas, no es un "pecado" de soberbia y de orgullo.
- Es decir, para ti -si no te entiendo mal- este monumento no es fundamentalmente la expresión de un ser humano que, al no ser capaz de encontrar su humanidad, se aventura en el sueño de la superhumanidad.
- Dices bien. Entiendo que el monumento no es esencialmente el fruto de la voluntad de quienes pretender ser "como dioses", de manera que con sus actos y creaciones venzan tanto a sus enemigos como al  paso del tiempo. Si así fuera,  ahora bastaría -como piensan esos que me dices- con dejar que el efecto de la madre naturaleza mostrase los pies de barro de tales divinidades. Pero no, no es eso. No se trata de ese pecado ontológico de querer ser el ser que no se es. 
- ¿De qué va, entonces?
- Por lo pronto, he de decirte que el monumento no esconde una hermenéutica, sino que él mismo resulta ser la hermenéutica de un acontecimiento que ha sido realizada siguiendo el impulso de una perversa voluntad de totalidad. El monumento impone un significado de reconciliación que no es reconciliación.
- ¿Por qué piensas esto?
- Porque el Valle de los Caídos, en su globalidad, es un complejo símbolo construido con criterios de exclusión: aún los vencidos que allí fueron enterrados son unos excluidos en la inclusión. Estamos ante una obra que ejemplifica, como pocas, el deseo de la extrema asimilación de las partes a la totalidad del orden jerárquico de las cosas. El Valle de los Caídos es una auténtica profanación religiosa de la religiosa restitutio in integrum.  
- Sí, me parece más que sugerente esto que planteas. Pero en un marco democrático de las cosas, no podemos resacralizar la restitutuio in integrum en un sentido religioso. ¿Cómo romperíamos el hechizo?
- Para empezar, con el fomento de la confrontación de memorias autocríticas que sean activadas para la reconciliación en la verdad y la justicia democrática. De ahí que sea muy importante insistir en que estamos -como diría Benjamin- ante un documento de cultura y de historia que también lo es de barbarie. Pero, en segundo lugar, como bien añadía Benjamin, que "igual que él mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de transmisión en el que pasa de uno a otro". ¿Me explico? Es responsabilidad nuestra que dicha transmisión no recaiga en la barbarie del monumento; y para evitarlo nada mejor que seguir la recomendación, también de Benjamin, de "pasarle el cepillo a contrapelo".
- Ya veo que continúas empeñado en modelar la teoría y la praxis -que se decía antaño- según las tesis del concepto de historia de Walter Benjamin. Desde luego, a un problema tan complicado como este, si queremos debatir la solución de la forma más fundada, no está de más mirarlo desde esa óptica, por muy ajena que pueda parecer a una mayoría y a la otra. Por eso, va a ser necesario que esa mayoría y su contraria renueven la voluntad de entendimiento.
-  Así es. Porque si nos limitamos a dejar correr el paso del tiempo, según un melodioso "let ti be", ya colaboramos con la barbarie, pues renunciamos a leer en la ruina su origen. Pero, por otra parte, si nos conformamos con historiar positivistamente, tratando de transmitir "objetivamente" el significado del creador del monumento, entonces renunciamos a un juicio crítico-moral que no surge inmediatamente sin pensar desde la memoria. En ambos casos, nuestro presente democrático perdería toda su fuerza para significar moralmente el pasado y, también, la posibilidad de fortalecerse moralmente desde ese pasado. Por ello, has de deducir, que no se trata de abandonar a su ruina ni de meramente conservar el Valle de los Caídos, sino de rescatar un "significado viviente" (en las memorias) que tanto la naturaleza como la historia no dejan de amenazar en su existencia. Ese "significado viviente", de unas memorias sobre unas injusticias y para una democrática reconciliación, es el cepillo con el que el arqueólogo -que todos debemos ser- ha de desempolvar y desenterrar nuestro pasado con miras a un presente y un futuro democraticamente dignos.
- No sé, no sé bien. Hay algo que se me escapa.Todo esto me obliga a pensar y a buscar argumentos.
- Pues no otra cosa es lo que hacemos, y que siga así.

viernes, 3 de febrero de 2012

Decisionismo lingüístico

Intervención en una mesa redonda:

"Un alto cargo de cierto gobierno autonómico declaró a primeros del año 2006 que la decisión acerca del uso de una lengua es competencia del poder político y no de los individuos. Digo declaró porque la emisión de tales palabras, recogida en un medio de comunicación, presentaba una forma claramente categórica. ¿Sabía este dirigente de lo que hablaba? ¿Era consciente de lo que significa, desde el punto de vista democrático, el rescate de la decisión en favor del polo del poder político percibido en contraposición con el polo de los miembros de la sociedad? La verdad es que no sé si hablaba bajo los efectos de la mística nacionalista y, por tanto, viviendo un momento de excessus mentis (pérdida de conciencia) o si estaba confesando algún dogma del nacionalismo lingüístico con la fuerza propia de una fides intrepida (fe osada) o simplemente hacía gala de esa visión autocomplaciente del laborioso nacionalista, auctor opus laudat (el autor alaba su obra). Con todo, pudiera también ocurrir que el hombre tuviera menos luces que la caverna de Platón y más mala leche que la higuera de Betania."

Mientras el ponente bebe agua, dos del público se hablan al oído:

- ¿Cómo ha dicho el tío? ¡No m'enterao de ná!
- Ya, sordeta, que eres un sordeta. Ha dicho qu'el pajarraco tenía menos luces qu'un litro vino y más mala leche qu'un toro capao.

Continúa la intervención:

"Ahora bien, ni el extravío mental ni la temeraria credulidad ni el narcisismo identitario han de despistarnos lo más mínimo en nuestra dignificante tarea cívica de no dejarse dominar por el Uno. En efecto, ni su locura ni su fanatismo ni su megalomanía ni tampoco su estupidez han de confundirnos sobre la verdadera intención del nacionalista lingüístico. A éste, con ser un bobo y un loco, no se le debe tener por poco: su apetito de dominio, de subyugar bajo la totalidad homogeneizante, es insaciable. Su voluntad de autosacrificio tiene continuidad en el sacrificio del otro: no hay nacionalismo sin normalización (lingüística). Por eso, el nacionalismo convierte el uso de la lengua en objeto de decisión, porque así puede robarle a los individuos su derecho a decidir, y asignárselo al guardián del Uno, o sea, al poder político que está por encima de cada uno. He ahí la ironía del nacionalismo que termina atrapando a casi todos: derecho a decidir del Uno para suplantar el derecho individual a decidir el uso de la lengua, derecho éste tan inventado como el otro. Lo que sí es en verdad un derecho, es que nadie se invente el derecho de Uno o de cada uno a decidir sobre lo que no compete a nadie decidir, sino que cada uno -sin Uno que valga- use su lengua, y del encuentro de usos -recíprocamente configurativos de cada uno de los usos- vaya saliendo un uso dinámico e interino que nunca jamás será El Único Uso.
Por desgracia, cuando cada uno reivindica su derecho a decidir el uso de la lengua, no hace sino evacuar al terreno de la individualidad la visión decisionista del nacionalismo. ¿Por qué? Porque se convierte en asunto de política lo que es cuestión prepolítica. ¿Cuando nacemos y vamos creciendo, decidimos la lengua que hablamos? ¿Deliberamos, contrastamos, llegamos a acuerdos, pactamos, etc.? Hablamos la lengua que hablamos, conforme crecemos, sin ningún tipo de decisión dialógica. Por su lado, ¿decidimos arbritrariamente, es decir, decisionistamente sin contar con los demás, la lengua que vamos a hablar? Igualmente, crecemos hablando la lengua que hablamos sin ningún tipo de decisión irreflexiva. Sólo cuando existen pretensiones decisionistas, podemos decir que la lengua forma parte del litigio, comenzándose así la larga marcha de lucha entre los distintos nacionalismos lingüísticos o decisionismos del uso de la lengua. Por mucho que las políticas nacionalistas se presenten revestidas de legitimación democrática (contractualista), no son más que ontologizaciones ex conditio, es decir, al margen de la naturaleza del problema de la lengua. Para el nacionalismo lingüístico, usar la lengua que ha decidido o no ha decidido su poder político es asunto, respectivamente, de ser bienhablado o de ser un malhablado; por su parte, para quienes no perciben el uso de la lengua bajo la óptica del decisionismo, no se trata de elegir o decidir el uso de una lengua, sino de usar aquella en la que uno crece -sin imposición calculada- según criterios de racionalidad y comprensión que no son reducibles a objetivos supeditados a fines políticos y culturales de dominio. A la naturaleza de la lengua le corresponde la valoración de hablarla bien o hablarla mal, pero no el correlato de ser bienhablado (patriota lingüístico) o malhablado (desnaturado por traidor a la lengua). 
La normalización decisionista, como programa esencial del nacionalismo lingüístico, es en sí misma una política que impone la traslocación de lenguas. Lo que hace falta saber es por qué se expande, a su vez, como una política de servidumbre voluntaria, o sea, por qué cada uno permite que sea el poder del Uno el que decida la lengua que cada uno ha de usar y no que sea el uso que cada uno hace de su lengua el que determine el uso de la lengua que cada uno realiza en su comunicación con cada uno, haciéndolo de manera cotidiana, diversa, dinámica e interactiva, y con el único referente previo de la pragmática real de cada lengua, la lengua que usa cada uno sin previa orden del poder político del Uno. Las políticas lingüísticas deben ser medidas que adoptan los hablantes, por medio de -ahora así- una decisión democrática, para intentar solucionar los problemas que puedan ir derivándose del uso real de la lengua, pero no para decidir -ni democrática ni totalitariamente- sobre lo que no es objeto de decisión, a saber: el uso de la lengua, que al final viene a ser la decisión acerca de la lengua que se ha de usar."

Termina la intervención, y otros dos del público se dicen:

- Entonces, ¿qué?
- ¿Qué de qué?
- Ea, pues eso, ¿que si nuestro "amigo" el nacionalista quiere imponer un código jurídico-político de la lengua?
- Pues sí, y no solo jurídico-político, sino metafísico y hasta numinoso?
- ¿Cómo dices? ¿Qué pasa, que quieren entregarnos el Código Cunnilingus y la Ley de las XII tablas de la Felatio?
-¡Anda, Anda! ¡Mira que eres irreverente e indómito! Tratándose de la Lingua Sacra Nationis no debes ser iconoclasta. Te lo vengo diciendo, y tú erre que erre. ¡Estate a lo que digan, que estos son de cuidao! Mejor es por las buenas y con mucho gusto: no ves que si no quieres hablarla, te hacen cantarla. ¿Es que no te acuerdas ya de la dictadura? Pues hay que acordarse, no te vayas a creer que no.
- Claro que sí que hay que acordarse, pero no pa doblar otra vez el espinazo.
- Bueno, bueno, yo ya te lo he dicho, así que tú verás. Pero a mí, no me vengas luego llamando a la puerta.

martes, 1 de noviembre de 2011

Reconocimiento y astucia

Un máximo dirigente nacionalista vasco ha considerado urgente que la izquierda abertzale reconozca el daño causado por el terrorismo. A su vez, un conocido columnista de un importante diario entiende que tal reconocimiento es conveniente hacerlo cuanto antes. Esta coincidencia entre política y opinión viene a cargar de razones a quienes piensan que algunos -tanto o más que otros- están muy interesados en acomodar los tiempos de la moral a los tiempos de la política. Claro que esto no es todo, pues tal pretensión pretenden avalarla, otros muchos, en razones de oportunidad y prudencia. Lo que ocurre es que hemos visto tantas veces cómo a las víctimas se las reconocía exclusivamente desde una moral vacía de política que uno tiende a creer que -en efecto- para algunos no se trata ni de lo oportuno ni de la prudencia, sino de oportunismo y conveniencia.
Es decir, que no todos hablan desde la sabiduría práctica de lo político, sino desde la astucia pragmatista de la política. De ahí que ese hablar fluya desde un uso del lenguaje que sufre una feroz anemia semántica. ¿Reconocer el daño causado a las víctimas? ¿De qué daño hablan? ¿Daño político? ¡Qué va! Si fuese ésto último, entonces estarían diciendo que no sólo la izquierda abertzale, sino todo el nacionalismo, debería reconocerse -en el reconocimiento de la víctima- como una ideología que tiene serios problemas en integrar la noción democrática de ciudadanía. ¿Por qué no hablan de reconocimiento de un daño injustamente causado? Porque no es lo mismo reconocer los daños de forma generalizada y diluida en una moral abstracta, que hacerlo desde un descentrado sentido de la injusticia. Éste descentramiento (mirar a través de la mirada de la víctima) obliga a replantear radicalmente la pregunta acerca de la legitimidad y justificación de la política: ¿Qué hacer cuando, desde la óptica democrática, algunos fines pueden ser, en sí mismos, injustificados y, además, vinculados -de una manera u otra y según grados de exclusión- a medios ilegítimos? No es sólo que medios ilegítimos manchan ciertos fines, sino que estos son de tal naturaleza que su consecución sólo es posible a través de medios ilegítimos.
No habrá más muertes. Está muy bien, y lo está porque lo contrario es una injusticia. Démoslo, pues, por cierto y actuemos en consecuencia. ¿Habrá otras violencias a tenor de la subcultura de exclusión que subsiste ideológicamente? No lo demos ni por verdadero ni por cierto y actuemos en consecuencia. Ahora bien, si las fuerzas del mito toman para sí la astucia de la razón y trasforman a sus víctimas en sirénidas figuras del mito, ¿cómo no dudar?
Desde el comienzo de todo el proceso, que en ocasiones suena a una equívoca aceleración hacia el final -¡otra anemia semántica!-, me he vuelvo a poner unas inyecciones de la clásica teoría crítica: me dice el facultativo que hay que evitar -a toda costa- las impúdicos episodios de parestesia. El resultado es que percibo gran parte de lo que está ocurriendo como si estuviese ante una parcial, paradójica y estrambótica escenificación del Ulises de la Dialéctica de la ilustración:

"El órgano mediante el cual (la izquierda abertzale) cumple las aventuras y se arroja para conservarse es la astucia. Todos los sacrificios de sus hombres son ejecutados según un plan, engañan (al Estado democrático y de derecho al que aparentemente) son destinados; disuelven su poder. En la falsedad de la astucia el engaño implícito en el sacrificio se convierte en un elemento del carácter, en la deformación del astuto, cuya fisonomía ha sido forjada por los golpes que ha debido infligirse para conservarse. La astuta (izquierda abertzale) sobrevive sólo al precio de su propio sueño, que paga desencantándose a sí misma y desencantando a las potencias externas. Justamente (ella) no puede tener jamás todo, debe saber siempre esperar, tener paciencia, renunciar. Se filtra y se escurre y tal es su forma de sobrevivir, y toda fama que se acuerda a sí misma o que los otros le acuerdan no hace más que destacar que la dignidad del héroe se conquista sólo mediante la humillación (circunstancial y estratégica) del impulso a la felicidad total, universal e indivisa (de Euskal Herria).
La fórmula de la astucia de (la izquierda abertzale) es justamente aquella mediante la cual, plegándose dócilmente (al Estado democrático de derecho), da a éste lo que le pertenece y al proceder así lo engaña. (Pero la izquierda abertzale) debe sustraerse a las relaciones jurídicas que la circundan y la amenazan desde todas partes (y)  satisface la norma jurídica de forma tal que ésta pierda su poder sobre él en el momento mismo en que (ella) se lo reconoce. Es imposible oír a las (víctimas) y no caer bajo su imperio: no pueden ser desafiadas impunemente. Pero la astucia es el desafío vuelto racional. (La izquierda abertzale) no intenta seguir otro camino que el que pasa delante de la isla de las (víctimas). Sólo que ha dispuesto las cosas de una forma tal que aun caída no caiga en poder de ellas. (De este modo, las víctimas) tienen lo que les corresponde, pero ya reducido y neutralizado.
La palabra parece tener un poder inmediato sobre la cosa, expresión y significado se confunden. Pero la astucia emplea la diferencia en su beneficio; se aferra a la palabra para transformar la cosa. (La izquierda abertzale) descubre en las palabras lo que en la sociedad burguesa desarrollada se llama formalismo: su validez permanente se paga con su separación respecto al contenido que eventualmente las llena, por lo que, gracias a tal separación, puede referirse a todo contenido posible, tanto a nadie como (a la misma izquierda abertzale). Del formalismo de los nombres (Sortu, Bildu, Amaiur) surge el nominalismo. La astucia de la autoconservación vive de este proceso entre palabra y cosa.

domingo, 23 de octubre de 2011

¿ETA democrática?

¿Alguien piensa que el reciente anuncio de la banda terrorista ETA puede interpretarse como una apelación de los terroristas a que funcione la democracia y la discusión pública? No sé si hay alguien que lo piensa, pero sí que hay “uno” que lo dice bien claro en una entrevista:
“P. ¿Y ahora qué? ¿Cómo imagina el final de este proceso?
R. Es prematuro decirlo. La gran diferencia con situaciones anteriores es que [los etarras] abandonan definitivamente la lucha armada y no aparecen como interlocutores. No han ha exigido una negociación en la que sean parte. Lo más que dicen es que el Gobierno español y el francés dialoguen para llegar a puntos que por supuesto a ellos les interesan. Es curioso, porque, en definitiva, aunque con el lenguaje críptico que suelen utilizar, están apelando a que funcionen la democracia y la discusión política. Ahora, en la dinámica de cualquier organización armada comienza todo un andamiaje de entrega de las armas y de situaciones colaterales en el ámbito político para defender algunos de los postulados políticos de la organización. Serán el Estado, la justicia, las instituciones, las que establezcan esa pauta.”
Como a este "uno" le avala una contrastada y meritoria carrera de lucha contra los terroristas, no voy a tener más remedio que creer que también lo piensa. Y si lo piensa este "uno" que tanto conoce y sabe del asunto, ¿por qué no va a ser correcta dicha interpretación? Confieso que en mi condición de filósofo (i.e. quien rastrea con celo detrás de la verdad práctica) no me lo pone fácil, pues esa condición me impide aceptar la validez de algo sólo por la autoridad que la sostiene. Así que he rastreado en busca de otra opinión algo más extensa, con más matices y más argumentaciones. Claro que también como filósofo (i.e. quien problematiza las opiniones), he indagado en “otro” que aportase hechos y argumentos suficientes para, al menos, poder dudar razonablemente de la validez de esa interpretación de nuestro “uno”. ¿Qué criterios he utilizado para buscar al “otro”? Además de sus connotaciones críticas, he elegido títulos de artículos que, en sí mismos, estuviesen directamente relacionados con el asunto, pero que a la vez hubiesen sido escritos con anterioridad. He preferido atenerme a un único “otro”, pues –tratándose de justicia- me parece más relevante la coherencia interna que la coincidencia con los demás: "Los herederos de ETA", "¿Sólo debe terminar ETA?" y "¿Qué paz queremos?".
Desconozco, por supuesto, la conclusión que sacarán quienes acudan a los enlaces indicados para encontrar  lo que dice “uno” y “otro”. A mí, por lo pronto, me convencen las palabras de “otro”, y mucho Cicerón habrá de acompañar a “uno” para que acepte sus motivos como si fuesen razones. Bien es verdad que, como decía Ovidio, quod fecit quisque tuetur opus, o sea, que cada persona defiende la obra que ha hecho. Pero también es cierto que, según Zacarías, quien toca la brea corre el riesgo de ensuciarse con ella. ¿Cómo se puede interpretar el llamamiento que hace ETA a los gobiernos (español y francés) de "abrir un proceso de diálogo directo" (dixit ETA en su comunicado) como si ETA llamase a los gobiernos a hablar entre ellos dos solos de algo que por supuesto le interesa a ETA? ¡Cómo se están poniendo las cabezas!



viernes, 21 de octubre de 2011

"Cese definitivo de (su) actividad armada"

“ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada. ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada.

¡Ay madre, qué coletilla esa de que “y, así, la superación de la confrontación armada”! Si te dejas la coletilla, ¿la retirada de los ruedos no es tan definitiva y por eso ni entregas los trastos de matar ni te disuelves? ¿Qué pasaría si no hay respuesta gubernamental a la llamada al diálogo? ¿O si la hay, pero no se resuelven “las consecuencias del conflicto” como ETA quiere? Ese “así”, pesa mucho, pero que mucho, pues si no hubiera “superación de la confrontación armada”  de ese modo que es “así”, ¿habría “cese definitivo de su actividad armada”?

Me gustaría recomendar la lectura, en la edición digital de hoy de El País, de una información-reportaje de José Luis Barbería bajo el título “Francia recela de la disolución”. Pero no sé si debo, pues ha estado en portada hasta hace bien poco: ha desaparecido por arte de magia, ¿por qué? [Nota del 30-10-2011: Se puede tener acceso a la versión "móvil" de este reportaje]

En fin, que ni disolución, ni entrega de armas, ni reconocimiento del daño causado,…, ¿cómo esperar que “así” colaboren en la resolución de los crímenes que permanecen sin resolver? ¿Cómo se va a elaborar el relato de una memoria y una verdad que sirvan de basamento a la convivencia y, después, a la reconciliación? ¡Ontologías del presente!

Sí efectivamente, hoy, en el presente, una noticia para la alegría, pero si miramos al pasado y a la recepción que muchos le dan hoy, resulta que ni el futuro parece libre de una inmensa mueca de tristeza. Ahora bien, ésta no cancela su imperativo: seguir luchando por una justicia democrática que sea justa.

miércoles, 19 de octubre de 2011

"Conferencia de Paz"


Leo la declaración oficial de la (auto)denominada "Conferencia de Paz" que ha tenido lugar hace unos días en el País Vasco. Leo y leo y me parece que no hago sino leer eufemismos del léxico abertzale que ya he leído y leído antes, duante y después del parto de los montes:

..."última confrontación armada en Europa"... "posibilidad del presente y del futuro"... "superar el conflicto mediante el diálogo"... "completa no violencia"... "cese definitivo de la actividad armada"..."iniciar conversaciones"... "consecuencias del conflicto"... "todas las víctimas"... "paz duradera"... "se reúnan y discutan cuestiones políticas"... "consulta a la ciudadanía"... "nueva era sin conflicto"... "terceras partes"... "facilitadoras internacionales"... "partes involucradas"... "comité de seguimiento"...

De forma que, al ver salir el ratón de la equidistancia, me asaltaron unas palabras del Gran Inquisidor y un poema de Juan Enrique Espinosa. ¡Cómo estremece una evocativa, transversal y espontánea hermenéutica de los textos!

... Nos admirarán, seremos sus dioses, cuando sobre nuestros hombros esté la carga de su libertad, cuando hayamos aceptado el cetro que nos ofrecerán.-!Así de grande será el miedo que la libertad terminará por inspirarles!- ... Sin embargo, para conseguir la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia... pues a la libertad de elegir entre el bien y el mal, el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte.

(Fiódor Dostoievski, Los hermanos Karamázov)


CREYÉRONSE los enfermos sus historias
y las reiteraron extraordinarias anacrónicas.

Enfermos
creíanse sus propias historias
y las reiteraron extras,
ordinarias y anacrónicas.

Creyeron
ser los enfermos sus historias
y las reiteraron,
         reiteraron,
         reiteraron,

hasta consolidar el dogma,
un elemental brillo en sus estúpidos ojos
anacrónicos.

(Juan Enrique Espinosa, Poemar nº 5. Cuaderno de Poesía)

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Memoria y tolerancia?

Me preguntas, buen amigo, cuál es la intuición básica que me lleva a algo más que a desconfiar de lo dicho por el Lehendakari. Pues bien, te diré que no hay una ultrapercepción que sirva de fundamento a una posición escéptica. Me podría poner muy teórico y argumentar por qué su propuesta de crear un Instituto de la memoria y de la tolerancia responde al prototipo de la metafísica institucional, esa que se basa en la creencia de que una institución, dotada de nombres relativos a valores generalmente aceptados, es en sí misma parte esencial de la solución; pues, ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría mostrar recelo ante la creación y funcionamiento de un organismo que trabaja por la memoria y la tolerancia? Para convencerte de lo fundado que estaría recelar, podría citarte algunos pasajes de la obra de Amartya Sen. Podría también afinar más y argumentar por qué la conjunción de “memoria” y “tolerancia” no es algo que sea tan evidente, sino que puede resultar muy problemática. Y para explicarme mejor y mejor entendieras esto, echaría mano de lo dicho por Aurelio Arteta sobre la relación entre tolerancia y barbarie, así como de las palabras de Reyes Mate acerca de la tolerancia compasiva. Pero amigo, no lo haré, pues entiendo que lo que me pides no son largos argumentos filosóficos, sino que te confiese muy sintéticamente lo que está detrás de mi aprecio por estos argumentos. Te lo diré: ni en el discurso pronunciado por el Lehendakari el día 29 de septiembre ni en la entrevista publicada hoy en un importante periódico, he leído que salga de su boca la palabra justicia. Mucho de libertad, de tolerancia, de convivencia, de paz, de verdad, de memoria, pero nada de justicia.
Así que esa idea de memoria, a pesar de todo lo que dice, es una memoria para el olvido, de ahí su machacona referencia al nuevo tiempo en que nos encontramos. Buen amigo, cuanto más se enganchan  a ese nuevo tiempo, más me echo a temblar. ¡Qué acento tan distinto en las palabras del divino Lehendakari y estas otras de Juan Ramón Jiménez en su exilio!:

Todo el tiempo que ha mediado entre aquel sol dando en España y este sol dando en América, es río de tiempo, cuya agua dorada se ha desvanecido en el ser de otras cosas grandes y pequeñas. Sólo quedan en este instante dos puntos de referencia y un abismo en medio de vacío absoluto, en el que ningún sol vivo ni muerto puede solear su atmósfera ciega que es todo el mundo y toda vida, vida, para mí. Este vacío es lo que son la vida y el mundo, un depósito inaprensible y sin continente de tiempo olvidado. ¡Si la memoria sorprendente triunfara sobre la voluntad y la intelijencia (sic), como en el sueño! Memoria siempre activa, día y noche, como el mar, querida, hermosa memoria mía, triunfal!  (Juan Ramón Jiménez,  Guerra en España)

Me dirás que tampoco el poeta menciona la justicia. Y es verdad, sólo que el poeta habla de justicia con la voz del silencio, del acento; mientras que otros la callan con la mudez calculada de un lenguaje convertido en cháchara.

jueves, 14 de julio de 2011

Choca la mano, paisano.

Algunas imágenes, difundidas durante las últimos días en distintos medios de comunicación, nos muestran a dirigentes de Bildu departiendo cordialmente con líderes políticos que pertenecen a otros grupos o partidos políticos distintos de los que conforman dicha coalición. Al verlas me vienen al recuerdo, como flechas incendiadas, las muy acertadas palabras de Adorno: la propia amabilidad es participación en la injusticia al dar a un mundo frío la apariencia de un mundo en el que aún es posible hablarse. Mucha razón asistía a Castoriadis cuando advertía contra los graves riesgos de la democracia como simple procedimiento. Y muchas cosas más tendremos que oír y ver justificadas en nombre de la paz social y de la prudencia política, pues ya vemos que una vez más y contra esa razón parece triunfar –¿sólo por ahora?- el contrato por encima de la justicia.

domingo, 10 de julio de 2011

"Hay partido". Pero, ¿qué "partido"?

Un importante periódico español ha dedicado uno de sus editoriales al “ya exvicepresidente” (sic) y nuevo candidato del PSOE a la presidencia del gobierno. Durante siete párrafos, so capa de analizar y valorar el discurso del nuevo candidato, se realiza un panegírico que sin resultar tímido tampoco trasluce un alocado apasionamiento. Aunque tiempo habrá para todo. No obstante, el texto del editorial termina por donde debiera haber comenzado: con un octavo párrafo donde se dice lo que el novedoso aspirante ha de hacer porque en su discurso aún no lo ha hecho. Lo que un servidor no ha logrado esclarecer, todavía, es si ese párrafo tiene un tono admonitorio o si se trata más bien de un simple consejillo hecho a su excelencia. Como pienso que el contenido del mensaje es lo importante, me permito reproducirlo, eso sí, recomendando que se le dé el radical sentido crítico que, sin duda, le falta en el contexto general del editorial. Dice así:

 Pero también es cierto que han sido muchos los errores, y él ha sido corresponsable como vicepresidente. Bien están las buenas palabras, pero necesitará tiempo para demostrar que esas intenciones son sólidas. Para acreditarlo deberá explicar también por qué tantas cosas de las que propone no las impulsó desde el Gobierno.

Ea, pues que así se haga, y de forma veraz, pues de otro modo, todo lo nuevo será igual de falsario que lo ha sido buena parte de lo anterior.  Por lo pronto, lo que no cuadra bien con tan loados propósitos de regeneración de la democracia son las blancas declaraciones de un ministro, ya exdiseñador de campañas electorales, realizadas hace unos días en un importante medio radiofónico. Decía el muy blanco ministro -y lo decía de forma tan repetida, clara y sectaria como su blancura- que si la gente, cuando vota, pensase en el mejor presidente de gobierno, entonces no sería necesaria la campaña electoral, porque el mejor presidente es el vicepresidente -que aún lo era-. ¡Y tan pancho que se quedó el blanco y nuevo cartesiano, pero todavía ministro! En efecto, al pensar verdadero se le revela de forma tan clara y distinta lo que es evidente, que se hace innecesaria toda deliberación o confrontación pública de argumentos. Y como a fin de cuentas, con la impagable ayuda de ese ministro, las campañas han dejado de ser –si es que en pureza lo fueron alguna vez- ejemplo de la concurrencia ilustrada, es decir, democrática, pues ni falta que hacen. Vamos que al blanco ministro sólo le faltó esgrimir la tan socorrida teoría de la aclamación. Pero no se preocupen, que para esto también habrá tiempo. Sobre todo, si la corresponsabilidad de la que se habla en el editorial antes citado se disuelve en otras aguas sucias y negras. Aún así, es verdad, para las elecciones hay partido –como dice el título del editorial-, lo que ya no parece tan seguro es que queden restos del partido, y no precisamente porque las pierdan, sino antes de comenzar y aunque las ganen.

Por cierto, hablando de pensar, ¿qué es eso de que el sistema educativo no se reforma? ¿Significa que se ahondará más y más la poza de los gravísimos errores? ¿Quiere decir que el nuevo presidenciable seguirá el loco modelo de ahondamiento que ya se ha iniciado, por parte de alguna Administración Autónoma, en materia de organización de los centros educativos? Pues de ser así, para ese camino no se necesitan tan pregonadas y alabadas alforjas.

sábado, 18 de junio de 2011

¿15-M(aniqueísmo)?

... hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la "raza" de los hombres decentes y la raza de los hombres indecentes. Ambas se entremezclan en todas partes y en todas las capas sociales. Ningún grupo social se compone exclusivamente de hombres decentes o indecentes. En este sentido ningún grupo es de "pura raza". (...) La frontera que separa el bien del mal, y que imaginariamente atraviesa a todo ser humano, fondea en las honduras del alma... La Historia nos brindó la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Quién es, en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas, pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración.

(Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido)


[No son la ingenuidad ni la inocencia las que ponen en riesgo la veracidad y la verdad del 15-M, sino el "simplismo reduccionista" que preside esa pendiente por donde fácilmente se desliza uno desde la espontánea osadía hasta la temeraria imprudencia, desde la moral indignación hasta el sacralizado odio. Es esto lo que impide poner el nombre debido a los sueños que nos mantienen despiertos, en alerta ante el maniqueísmo que todo lo embarra.]

domingo, 12 de junio de 2011

Los que se van...

-         Por favor, señor indignado, oiga usted, mire que le diga: ¿Qué pasa con la revolución? ¿Están ustedes de descanso o es que se marchan a tomar unos chatos?
-         Te confundes, compañero. Lo que ocurre es que abandonamos la acampada para regresar a los orígenes.
-         ¿De qué orígenes me habla? ¿Del Paraíso?
-         No hombre, no. Nos vamos para regresar al movimiento, que es lo que en verdad éramos desde siempre.
-         Ah, parece que le entiendo, pues de algo debe servirme haber escuchado y leído sus proclamas todos estos días. O sea, que dejan este sitio donde parece que el movimiento es tragado por la parálisis o el enfriamiento y vuelven a las zonas periféricas o a esos lugares que son, ocasionalmente, más calientes y televisivos.
-         Bueno, no es exactamente así como tú lo dices. De hecho, en esas periferias también existen centros en los que pensamos instalarnos para, desde ellos, irradiar el movimiento al resto de la sociedad.
-         Sí, pero dígame: ¿No serán también paralizantes esas acampadas en la periferia? ¿No se quemarán ustedes en los sitios más explosivos? ¿A dónde irán, en ese caso, para que el movimiento siga generándose y continúe expandiéndose? Por otra parte, allí también podrán encontrarse en esas situaciones, como las ocurridas durante los últimos días, en las que les roban y agreden, no los muy integrados en el sistema, sino quienes en verdad están en los márgenes e, incluso, más allá de estos.
-         No habrá problema, todo se decidirá en las asambleas.
-         Oiga, una última cosa. Hace unas semanas que veo en la televisión un anuncio publicitario, de una conocida empresa de agua mineral, donde se utiliza la imagen de una plaza pública llena de gente jubilosa, reivindicativa y en movimiento, y todo esto para generar identificación entre el espectador y el producto anunciado. ¡Fíjese si están en movimiento que algunos personajes hasta saltan a la comba! ¿Qué le parece? ¿No es una señal de que el sistema ha comenzado a neutralizar, por medio de una burda mímesis icónica, una fuerza potencialmente muy atractiva? Por cierto, ¿cómo siente usted el movimiento: como atractivo o como atrayente?
-         ¡Joder! ¿A qué viene tanta reflexividad? Ya te he dicho que todo lo veremos, si así lo deciden la asambleas, en las asambleas.
-         Bueno, bueno; no se ponga como se pone, que no he dicho nada para indignarse. ¿O tal vez sí? De todos modos, sepa que yo también puedo, y hasta debo, indignarme con usted, con alguno de sus compañeros y, por supuesto, con un tal Juan Cotino. Sí señor, ese que ha puesto un crucifijo a presidir la mesa de las Cortes valencianas. ¡Qué falta de respeto debido a la Cortes y al crucifijo! Es intolerable lo que están llegando a hacer los hunos y los hotros (Unamuno dixit).

jueves, 2 de junio de 2011

Vice...nada

Querido amigo o amiga:
La primera vez que oí la palabra “vicepresidente” fue de niño y en mi pueblo, donde –como sabes- no nací, pero de donde sí soy: el Círculo Tropical –al parecer- tenía uno de esos a los que se les denomina así, vicepresidentes. Claro que con el tiempo crecí, y conmigo también lo hizo el conocimiento del número de instituciones y órganos que tienen su correspondiente, y no sé si también necesario, vice -me permito la licencia-. Mentiría si dijera que con el paso de los años no llegué nunca a saber cuál es la función o para qué sirven los susodichos. Lo supe, ¡y vaya si lo supe!, sobre todo en el triste caso de algunos de ellos.
Entre el conjunto de los vice están los ya mencionados vicepresidentes, pero también quien es vicedelegado, vicerrector, viceconsejero, vicedirector y vicejefe. Mi experiencia personal me ha enseñado que de algunos de ellos siempre se dice que son muy trabajadores, buenas personas, muy inteligentes, muy leales, muy válidos… incluso válidos, no ya para ser vice, sino para ser presidentes, delegados, consejeros, directores y jefes. Lo que ocurre, dicen los que dicen, es que estos vice son tan modestos y humildes que prefieren quedar como en un segundo plano; y –en mi opinión- dicen bien cuando dicen “como”, pues en realidad no están propiamente en un segundo plano: siempre salen en primera fila, aunque sea para lamer (discreta, velada e inteligentemente, eso sí) el trasero del premier. Tarea esta que hacen, a veces durante bastantes años, a pesar de que algunos de esos vice están mucho más capacitados que los incompetentes, descerebrados, corruptos, insolentes, soberbios, ignorantes, medrosos, trepas, falsarios, etc., de sus presidentes, delegados, directores,… a los que, en alguna de estas cualidades, perfectamente igualan o superan.
Siempre me he formulado una pregunta: ¿Por qué tales vice no heredan para sí la culpabilidad y mala fama –a pulso ganadas- de las que, en su caso, gozan los premiers? Pues, en efecto, no es sólo que colaboraran, sino que, aún no cooperando, nunca tuvieron por bien criticar lo que ellos hacían mal, y hasta rematadamente mal, sino que incluso llegaron a defender sus acciones y omisiones claramente dignas de desaprobación; haciendo caer, sin embargo, su juicio condenatorio sobre quienes sí se atrevieron a reprobar las incorrectas o equivocadas conductas de los presidentes, delegados, directores, etc. 
Otra de las cuestiones que la vicerrealidad me ha despertado es la referente al hecho de que algunos vice, cuando van a suceder a su premier en el cargo, presumen de voluntades, intenciones, proyectos, etc., que jamás, durante el tiempo que ejercieron su vicetarea, tuvieron por bueno comunicar a quien formalmente les ordenaba. ¿Por qué nunca, principalmente cuando eran malos tiempos, dijeron a su premier, y a los demás, cómo pensaban que debería gobernar o dirigir él, es decir, cómo pensaban que gobernarían o dirigirían ellos en caso de sucederle?
Por todo lo dicho, querido amigo o amiga, y por más que en su momento iremos hablando, el escepticismo activo me lleva a concluir que todos esos vice lo son de nada, y de esta mucho más cuanto dejan de serlo mientras aún lo son. Sí querido amigo o amiga, que alguno hasta para eso es así de listo, tanto como para convertir la vicerrealidad en vicenada… y viceversa.
Hasta pronto, con un cívico abrazo.

martes, 24 de mayo de 2011

Bildu en las instituciones: ¿democracia real?

Diseñar instituciones que sean realmente populares, pero que a su vez sean deliberativas y estén dotadas de razonabilidad, es obviamente el objetivo primario de la democracia fuerte. En cualquier caso, no existe una forma segura de evitar que un pueblo que intente renunciar a su libertad termine haciéndolo. Obstáculos institucionales como la separación de poderes pueden permitir un final más placentero y menos doloroso, pero las trabas externas no pueden al final impedir la autodestrucción de una sociedad. La necesidad se reduce más bien a la creación de una comunidad de ciudadanos que considere la preservación de la autonomía como algo incluso más sagrado que su ejercicio y que, por lo tanto, nunca la sacrifique frente a éste.

(Benjamin Barber, Democracia fuerte. Política participativa para una nueva época)

[A la luz de las “victorias” de Bildu, tanto en los procesos jurídicos como en los procesos electorales, ¿se puede concluir que gozamos, en el alto grado que se debiera, de las instituciones y de la comunidad de ciudadanos de las que habla Barber? O, por el contrario, ¿apuntan esos hechos a que, de forma nada escandalosa, pero sí inexorable, se producirá una singular autodestrucción de la sociedad y del sistema democrático? ¿El resultado será otro tipo de sociedad y otro tipo de régimen, aunque a se los denomine democráticos?
Por otro lado, ¿qué puede significar que las reivindicaciones realizadas por el movimiento 15-M no hagan referencia alguna a la desaparición de ETA como condición necesaria e imprescindible para una “democracia real ya”? ¿Acaso la participación de Bildu en las elecciones -que incluye un grupo de personas que no han condenado nunca, pero sí apoyaron, los crímenes cometidos por ETA en el pasado, ni tampoco se comprometen a acción reparadora alguna en el futuro- acaso, pregunto, es indiferente para el contenido de una “democracia real ya”?
Porque, contrariamente a lo predicado por un locutor-sacerdote, no es el independentismo como pensamiento ni como aspiración lo que hace antidemocrático el proceder de la izquierda abertzale, sino la exclusión que conlleva la práctica del mismo en aquellos municipios e instituciones en los que esta tiene presencia determinante. ¿Esta izquierda abertzale no está afectada de crisis de representación? ¡Parodia esta de política, esperpento de contestación y banal manipulación de medios de comunicación! ¿Muy radical la perspectiva? Bueno, de eso se trata, de democraica radical, ¿no? ¡Ah!, perdón, pues hablaban de democracia real.]

sábado, 21 de mayo de 2011

¿Y si la plaza no es ya tal plaza?

Porque una plaza puede ser como esa célula cuyo núcleo comienza a tornarse duro, inaccesible y opaco, sancta sanctórum de nuevos amos. Si así ocurre, entonces el viento que en ella sopla comienza a enrarecerse y no bastan ya las canciones de paz para impedir la desintegración del citoplasma. A esta acompaña, durante un tiempo de desigual entusiasmo, la lucha del esperpento contra la parodia, dos caras de la misma moneda. Lo siguiente será el desencanto ante la irrealidad de lo real. Cierto, en el núcleo de una plaza puede que los nuevos amos tomen los nombres en vano. ¡Ay, el nombre de lo nuevo, en realidad tan viejo! Que en ese caso vengan en nuestra ayuda, en el hoy o en el mañana, los eternos versos del poeta:


EN LA PLAZA

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

(Vicente Aleixandre, de Historia del corazón)

jueves, 19 de mayo de 2011

¡Ay, ese nombre del sueño soñado en La Puerta del Sol!

Ayer por la noche, las televisiones ofrecían imágenes de personas reunidas en La Puerta del Sol de Madrid, congregadas como si convergieran en el kilómetro cero de eso que otras, antes que ellas, han bautizado con el nombre de democracia real.
Me llamó la atención lo escrito en una pancarta de papel que estaba pegada en una de las construcciones de cristal. También me alertó el hecho de que el viento la arrancase, pues esto parecía una premonición de lo que podría perdurar el movimiento o energía moral allí concentrados. El lema o eslogan escrito en la pancarta decía: Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir. Todo, casi todo en él, evocaba un aroma del 68 francés; y digo casi todo porque había en esas palabras una pequeña grieta por la que se colaban algunos versos de un bellísimo poema, cuya lectura gocé por primera vez en mis años de juvenil nihilismo:

El sueño no es dormir: quien sueña vive
y duerme quien tropieza
con bultos al no ver lo transparente
del árbol, del silencio…
Voy hablando de ti en este hacerme,
activamente, con trabajo y gracia,
como quien no comprende lo profundo.
El arduo juego
de crearte es mi ocio y mi manera
de crearme a mí misma reflejando
en acción esas horas
que llaman solitarias los que duermen.
Y la imagen de ti que yo modelo
es tu propia materia acariciada
-tu rebelde materia- que responde
poniendo en marcha mi mejor imagen.
Oh, no, no duermo. Tengo el cuerpo en tierra.
Me vive un sueño. Sé cual es su nombre.

(Julia Uceda, de Me vive un sueño)

Me pregunto, con inquietud, si las personas concentradas en esa plaza madrileña sabrán de verdad el nombre de su sueño; pues, en puridad, todo asunto políticamente grave es una cuestión de nombre, del nombre verdadero.

miércoles, 18 de mayo de 2011

¿Y de los demás "nosotros" qué?

Dentro del marco o ambiente sectario en que vivimos desde hace ya algún tiempo, puede reconocerse, en ciertos medios de comunicación, un renacimiento del sermón matinal. Los actuales y correspondientes fieles (oyentes de alguna radio o del videoblog de algún diario en su versión digital) tienen a disposición su particular párroco político. Hace unos años fueron muy controvertidas las intervenciones matinales que un lenguaraz locutor realizaba en una cadena de radio de titularidad eclesial. En este caso, aún podría entenderse, pero no por esto compartirse, el fervor sectario que convierte el discurso ideológico en sermón político. Al fin y al cabo, lo propio de esa institución, y de cuanto tiene que ver con ella, es lustrar a la realidad mundana con una pátina de teología política. Otra cosa distintita es el tipo de teología con la que nos encontramos, aunque casi todas, a excepción de alguna de las denominadas “negativas”, sirven para intentar hacernos comulgar con algo más grande y duro que las tradicionales ruedas de molino.
Ahora bien, lo que pudiera resultar algo novedoso, especialmente para quienes suelen creerse las cosas tal y como se las cuenta, no el primero que llega, sino el que siempre se las apaña para llegar primero y más lejos, digo, tal vez pueda parecer una novedad el hecho de que la edición digital de un diario, que en principio nada tendría que ver con la teología política de ciertas empresas de la cultura, ofrezca todas las mañanas, a través de un videoblog, el sermón de otro afamado locutor. Este no hace mucho que lo era de la radio que lleva por nombre el del ese a quien tanto amor profesaba Heidegger y del que todos los demás nos hemos olvidado, para desgracia de Occidente, según opinión del filósofo. Que dicho locutor del videoblog, de tan secular diario digital, pueda parecer la reencarnación de un sacerdote –postconciliar, ¡faltaría más!- no se debe sólo, y principalmente, al atuendo y pose con el que es mostrado en la fotografía de portada. Ciertamente, no es eso lo que puede levantar la sospecha de estar ante una nueva versión del sermonar matinal, pues no pienso yo que el hábito y las posturas hagan al monje, ya que más bien se me antoja que es el monje el que vuelve categorías los hábitos y las poses. Es verdad que esta teología política no es del mismo signo que la que en su momento ofrecía, y sigue ofreciendo, aunque ya sin estar bajo palio episcopal, aquel lenguaraz locutor al que anteriormente he aludido. Pero el que no sea la misma, o que sea la opuesta, no garantiza, en absoluto, que no se pretenda con ella hacer tragar otras nuevas piedras de triturar trigo.
En efecto, hace unas mañanas, con motivo de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la participación electoral de Bildu, el locutor del videoblog al que me vengo refiriendo, ofrecía un comentario tras el cual se me dibujó una aparentemente modosita y moderada teología política, por supuesto, laica. Del sermón político de este locutor-sacerdote me quedaron grabadas las siguientes palabras: “Nosotros estamos muy contentos de que se haya producido esta normalidad, (…) Nos complace también que la sociedad vasca al completo pueda estar en las urnas, (…) Si hemos vuelto a confiar una vez más y nos hemos equivocado nos merecemos lo que nos pase”. De inmediato, eso de la “normalidad” o lo de “estar en las urnas” quedó en un segundo plano, pues a fin de cuentas es algo que uno ya ha oído y contradicho en bastantes ocasiones. Lo que me impactó fue ese “nosotros” pronunciado por boca de un periodista de la mañana, reconvertido en un laico teólogo político –y mañanero- por arte de videoblog. Porque, piénsese: ¿Cuál es la comprensión y la extensión de ese “nosotros” que se siente contento y complacido? ¿A quién representa un periodista cuando comenta? ¿De qué voz es voz su voz? ¿Es el mismo nosotros que ese nos(otros) que ha confiado y que si se equivoca merecerá lo que le pase? ¿Lo que pase u ocurra, en caso de equivocación con Bildu, afectará solo al “nosotros” del locutor o también alcanzará a todos aquellos que, por lógica discursiva, pertenecen al “vosotros” que le sigue a su “nosotros”?  Si hay equivocación, sea cual sea el nosotros que se equivoque, ¿aceptaría el locutor-sacerdote que a su “nosotros” le pase algo? La verdad es que el “nosotros” resulta ser un pronombre personal que juega muy malas pasadas y le hace a uno meterse en camisas de once varas o, al menos, en un buen berenjenal semántico. Para mayor estropicio, sucede que “nosotros” es un término de tal calado identitario que no pocas veces se desliza hacia el precipicio del sectarismo, de la exclusión, de la megalomanía comunitarista, y otras yerbas muy amargas, ¡pero que muy amargas!
No digo yo que, con toda seguridad y en toda su amplitud, esto le haya sucedido al bueno de nuestro locutor-sacerdote, tan amigo –por otro lado- del sumo sacerdote del buenísmo español, sobre todo, si lo entrevista. Lo que sí digo es que cuando le oí pronunciar tales palabras, ya casi al final de su sermón, sentí un pellizco en el alma como si fuera, no digo de miedo, pero sí de una seria preocupación. Así, en concreto, me acordé de un fragmento del libro La estrella de la redención de Franz Rosenzweig, por lo que acudí a las páginas donde se encuentra y, de nuevo, pude leer lo siguiente: El nosotros siempre es todos nosotros: todos nosotros, los aquí reunidos. No cabe, pues, entender la palabra “nosotros” si no va unida a un gesto. Cuando uno dice “él”, sé que está mentando a uno; y sé eso mismo también, aunque esté a oscuras, cuando oigo, a una voz decir “yo” o “tú”. Pero si uno dice “nosotros”, aunque yo lo esté viendo no sé a quiénes está mentando: si a él y a mí; o a él, a mí y a cualesquiera otros; o a él y cualesquiera otros sin mí, y, en fin, a qué otros.
Cuando acabé de leer este texto me pregunté: ¿Cuál es, por tanto, el gesto de este locutor-sacerdote que me facilitaría entenderle cuando dice “nosotros”? Con la intención de descubrir tan misterioso gesto escuché otra vez el sermón del locutor y releí los parágrafos completos, anteriores y posteriores, del fragmento que he reproducido. Fue entonces cuando sí sentí cierto tipo de miedo, pues ahí se hablaba del nosotros y también del vosotros, del juicio y del fin, de la palabra y de las palabras. Como me asaltaron ciertas dudas, acudí a otro libro, Sistema y revelación de Stéphane Mosès, donde este expone el pensamiento de Rosenzweig, con el objetivo de calmar mis temores. Pero fue en vano, lo que allí encontré aumentó mi pesimista percepción del asunto: el gesto del locutor del videoblog no era el gesto propio de la redención según la veía Rosenzweig; y éste no era ciego, ni mucho menos, para estas cuestiones. No sería muy ilógico, por tanto, que estos nuevos sacerdotes de la comunicación pensaran, antes de sermonear y pontificar de la forma que lo hacen, qué puede significar secularmente “redención” en el contexto de un final del terrorismo y de cada uno de los juicios que se avecinan. A lo mejor les cambiaba el gesto y, con éste, algo esencial en relación con un “todos nosotros”.
Claro, que con decir “todos nosotros” tampoco queda solucionado el problema, pues aunque no tuviésemos un “nosotros” que excluya, no obstante, siempre habría un riesgo de inclusión homogeneizante, es decir, todos contentos y complacidos, o sea, todos con sotana laica. Y el riesgo siempre existe, incluso con los teólogos de la diferencia, sobre todo, si llegan a esta por el cauce de la metafísica. Que se lo pregunten, si no, al hermano-ministro del locutor-sacerdote; que se lo pregunten a ese que respondió felizmente a la sacerdotal llamada del sumo sacerdote del buenísmo español: ¿Por qué en cierta ocasión, y en Sevilla, este familiar y sacerdotal miembro del ejecutivo (¿pertenecerá al “nosotros” de su hermano locutor?) dijo que un profesor solo –aislado- es un peligro público número uno? ¿Lo sabe él por sí mismo o se lo ha revelado alguien que está en los cielos… o en los infiernos? Bueno, siempre cabe otra posibilidad: como es especialista en metafísica, tal vez se lo haya revelado el “nosotros” del Ser o de la Ser. ¿Así, también, al locutor y teólogo político de la Voz laica?