viernes, 10 de febrero de 2017

¿LLEGARÁN LOS DÍAS?

«Vanitas vanitatum et omina vanitas.
Mataiotes mataiotetos kaí panta mataiotes.
Vanidad de vanidades y todo vanidad.»
(Qohélet, 1: 2.)


DÍAS SIN LOS DÍAS


Porque nos llegarán
días sin cielos
sin montañas ni valles,

llegarán a secarse
los ríos y los mares.

Porque llegarán
días de horrible silencio,
sin la voz de los niños

gritando y llorando 
llegarán días sin hombres.

Porque llegarán sin duda
los días sin certezas
sin odios ni más amores

ni futiles esperanzas,
sin rabiosos desencantos.

Porque nos llegarán
los días sin saber
por qué no vienen más

días con sol y luna,
noches con su amanecer. 

Porque nos llegarán
los días del último día. 

(tvb)




[Cuadro «Vanitas», de Jan Davidsz de Heem (1606-1684)]

jueves, 9 de febrero de 2017

¿EXAMEN DE CONCIENCIA?

Arcanos de navegación: despojos de un naufragio moral. (Cont.)

Hace unos días, leí un artículo del que selecciono sus líneas finales. Nada más acabar de leerlo, pensé que se trataba de un singular examen de conciencia a propósito de una declaración de admiración. Pero lo cierto es que no sé bien cómo interpretarlo del todo. 
¿Se trataría de una confesión de parte, con su correspondiente contrición y arrepentimiento, o sea, hecha con dolor de corazón por el mal causado y con firme propósito de enmienda (reparación del daño) así como de no volverlo a realizar? O, por el contrario, ¿aquí asistiríamos a una cínica e irónica forma de aviso para navegantes, es decir, a una sutil advertencia de que las cosas seguirán siendo así? 

Porque de ser lo primero, ya se estaría tardando mucho en ejecutar, a la luz de todos, la reparación del mal. Y, de ser lo segundo, ¿qué deberíamos pensar y hacer, sobre todo, la próxima vez que alguien manifieste que se ha vuelto a tachar (acallar) la palabra de un escritor o de un pensador?

Hombre, yo sé que solo por preguntar esto, ya casi estaría uno pronunciando el «no» y, por tanto, fuera de la fila de los tambores. A veces, me gustaría no pensar, pero no puedo: uno es uno, y no se aviene, así como sí, a la palabra del «Uno». 

(tvb)


«Porque en la vida literaria, y en la vida periodística relacionada con la literatura, se ha mantenido la impostura de tachar al que dice no como si a todo hubiera que decir sí, y absolutamente sí, ante toda iniciativa u ocurrencia que circule con el ruido con que acostumbran a suceder estas cosas. Mucho tambor y nadie en contra.» (Juan Cruz, en: 








lunes, 6 de febrero de 2017

ELOGIO DE «NARCISSUS».

Un diálogo sobre el narcisismo.

-Buenos días, buen amigo, ¿qué tal llevas la mañana?
-Bien, gracias; razonablemente bien, que diría un admirable Amigo que no conoces.
-Me alegro mucho de que al menos así sea.
-¿Cómo estáis vosotros?
-La verdad es que no podemos quejarnos. Vamos haciendo un poco más de eso que es ir haciendo. Gracias. Y, por cierto, ya que has hablando de admirable, te quiero preguntar algo.
-Yo también me congratulo de vuestra buena marcha. Pero dime, ¿de qué se trata?
-¿Has visto y leído lo que viene hoy en este periódico acerca del narcisismo?
-Sí, lo leí a primera hora de la mañana. No es la primera vez que este diario le concede espacio al asunto.
-¿No es la primera vez? Por favor, luego pasas las otras referencias. ¿Ok? Por ahora, deseo saber qué opinas al respecto.
-De acuerdo, al final te las paso. Ahora bien, ¿quieres saber qué opino sobre que se ocupen hoy del tema o qué opino del tema?
-No, me interesa conocer tu punto de vista sobre el tema. Sobre las razones que mueven a ocuparse de unos temas y no de otros podríamos conversar en otro momento.
-Bien, pues lo hablamos si así lo deseas. Pero ya sabes cómo soy: no me conformo con las primeras palabras que nos dictan sobre cualquier cuestión planteada.
-Ya, ya me lo has demostrado más de una vez; y es por esto por lo que te pregunto. Si sólo me interesase lo ya dicho, no te molestaría.
-Sabes bien, admirado amigo, que no molestas nunca, sino todo lo contrario. No obstante, estoy esperando una llamada de teléfono. ¿Te importa que interrumpamos si suena el móvil?
-En absoluto, faltaría más. Así pues, no te «entretengas más y suelta la gallina», que diría aquél.
-Muy bien, sin más cuartelillo: ¿Tú piensas de verdad que el narcisista nace, crece, se desarrolla y nunca muere? Porque yo creo que hay muchas clases de narcisismo, y no solo en lo referente al grado en que se padece. Porque esa es otra: al narcisista no solo lo sufren los demás, sino que también se sufren a sí mismos. El narcisista es destructivo tanto hacia fuera como hacia dentro.
-Sí, comparto contigo que algo de esto hay. Pero no veo muy claro hacia dónde vas con tu pregunta.
-Lo que quiero decirte es que hay «Narcisos» a quienes los demás los hemos creado, alimentado, y bautizado con ese nombre. Y no me refiero a que esto ocurre cuando nuestros exagerados halagos y declaraciones adulatorias son expresión de una admiración no ya falsa, sino equivocada por cuanto no se corresponden con las cualidades del adulado.
-¿A qué te refieres si no? ¿Puede haber un modo más grave que ese de la adulación que genera y nutre de narcisistas impenitentes a nuestras sociedades narcisistas?
-Tú lo has dicho, a nuestra narcisista sociedad. Pero esto es otra cuestión que vale por sí misma no ya un modesto intercambio de opiniones, sino un estudio concienzudo.
-Sigue, por tanto, con lo que estamos.
-A lo que quiero llegar es a decirte que más que al desmedido halago, interesado y calculado, por conveniencia, de los méritos que otro tenga, o no tenga, lo que me preocupa son esos casos en los que denostamos como narcisista a quien no hemos parado de negarle los méritos y cualidades que sí sabemos con certeza que los posee.
-Esto que me dices sí que es revertir responsabilidades, querido amigo. Es tanto como decir que la pupa que nos come bien la merecemos por tanta herida que hemos abierto y mantenido en su lacerante dolor.
-En efecto, de eso te hablo, de una nueva asignación de responsabilidades. Porque, ¿a qué viene eso de negarle el pan y la sal a quienes se los han ganado con creces? ¿A cuento de qué estrangulamos y asfixiamos a esas personas a las que objetivamente debemos nuestro reconocimiento y nuestra admiración a causa de la excelsa ejecución de sus capacidades? Y, para rematarlos, les ponemos la etiqueta, denigradora, de «cuidado con este narcisista, muerde». No solo los excluimos del reparto que hacemos de los aprecios debidos, a los que todo ser humano aspira, sino que los arrinconamos y los vituperamos.
-¡Vaya que sí que tienes una opinión, y muy grave sobre parte de este asunto!
-Y aún hay más. Para colofón, no perdemos la oportunidad de justificar nuestra conducta indecente diciendo que el narcisista así creado es una personalidad agria, arisca, autista, huraña, díscola, montaraz, indómita, tensa, sarcástica, paranoica, envidiosa, egoísta, egocéntrica, asocial, vanidosa, ambiciosa, etc. Y abundando, que es gerundio, hasta las mismas ciencias de la psicología emocional se olvidan mayoritariamente de estos hechos a la hora de exponer un saber integral del problema. Vamos, que la ciencia, una vez más, la ponemos al servicio ideológico de algunos que se hacen de más haciendo de menos a otros. Las ciencias al servicio de los más groseros narcisistas que, ocultando este su carácter, utilizan todo su poderío cultural, económico, mediático, social, para destruir a aquellas personas cuyas excelentes cualidades ponen de relieve su mediocridad y su megalomanía. ¿Y qué hacemos todos los que asistimos como espectadores complacientes y complacidos con el espectáculo? La mayoría de las veces asentimos y nos sumamos al linchamiento. Porque de esto es de lo que se trata en esos casos, de linchamiento personal, moral, cultural, social y hasta culinario si fuese preciso para los intereses de esos narcisistas que cuentan con magníficas artimañas para ocultar lo que en verdad son y hacen.
-Pues ahora comprendo yo, con esto que me cuentas, algunas cosas de algunos de nuestros comunes amigos. Ahora entiendo por qué estos no cesan en su lucha por reivindicarse a sí y a sus obras. Ahora comprendo por qué uno de ellos siempre nos recuerda, siguiendo a un filósofo francés, que la estima de sí, no es el amor desaforado al yo totalizante. Bien pudiera ser que haya poderosos Egos que niegan a otros la condición misma de otro, y les ningunean hasta el más mínimo reconocimiento, aunque lo merezcan. Menuda fábrica de «Narcisos».
-¡Oh, perdona! Lo que te comenté, me llaman al móvil, es un amigo, y de nombre «Narciso». Luego seguimos. ¿Te parece? En la mesa hay una ficha con los enlaces a la web del periódico.
-Claro que sí, no hay nada que perdonar, más bien que agradecer. Te espero visitando los enlaces.
-Sí, dígame usted Don Narciso, ¿qué me ofrece?
- …

(tvb)

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http://elpais.com/elpais/2017/02/03/ciencia/1486158032_914232.html

http://elpais.com/elpais/2017/02/03/ciencia/1486128718_178172.html

http://elpais.com/elpais/2017/02/02/ciencia/1486050766_609813.html

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/narcisismo-enfermedad/

http://verne.elpais.com/verne/2016/09/09/articulo/1473406380_558080.html

http://elpais.com/elpais/2014/10/07/icon/1412685969_115307.html


http://elpais.com/diario/2007/05/13/eps/1179036956_850215.html



Jan Cossiers (1600-1671). Narcissus.

domingo, 5 de febrero de 2017

GRANITO DE AMISTAD.

A Rafael, Esther y Tomás.

y un rayo de luz triangular

de dulce amor fraterno

ilumine con la amistad 

al sentir la hora en el reloj
de la oscura plaza pública


(tvb)


*******

«Del mismo modo que el papel moneda circula sustituyendo a la plata, así circulan en el mundo, en vez del respeto verdadero y la verdadera amistad, las demostraciones y la afectación externa, la imitación y la mímica más naturalizada posible con que se las imita. […] La verdadera y genuina amistad presupone la participación objetiva y absolutamente desinteresada en la dicha o desdicha del otro, y la identificación real de uno mismo con el amigo. Se opone de tal manera al egoísmo de la naturaleza humana, que una amistad verdadera pertenece a ese tipo de cosas que, (…), no se saben si existen realmente o si sólo habitan en el reino de la fábula. No obstante, hay lazos entre los hombres que si bien se basan en ocultas motivaciones egoístas de muy diversa índole, poseen un granito de esa verdadera y genuina amistad; lo que basta para ennoblecerlos de tal modo que muy bien puede permitírseles adoptar con cierto derecho, en este mundo de tantísima imperfección, el nombre de “amistad”. Por lo menos tales lazos se encuentran a enorme distancia de lo que son las relaciones comunes, que suelen ser de tal naturaleza que nos veríamos obligados a no volver a cruzar palabra con la mayoría de nuestros “buenos conocidos” si pudiéramos oír cómo hablan de nosotros en nuestra ausencia.»


(Arthur Schopenhauer. Aforismos sobre el arte de saber vivir. Trad. y prólogo de Luis Fernando Moreno Claros. Presentación Carlos García Gual. Madrid: Ed. Debate, 2000, págs. 185-186)


martes, 31 de enero de 2017

LA LIMPIEZA DE LAS CONCIENCIAS.

ARCANOS DE NAVEGACIÓN: LOS DESPOJOS DE UN NAUFRAGIO MORAL.

La limpieza de las conciencias.

Hablo con el menor de mis hijos. Le doy los buenos días y le mando un rosario de besos. Me llega un correo. Su contenido: la pobreza infantil. Pienso en la hora del mediodía. Recogeré a mi criatura y vendremos a comer a casa. La conexión no tarda en venir a la conciencia. Una conciencia que no se limpia aunque sea una conciencia limpia. Sigo pensando: si al final cada uno de nosotros vamos a nuestra casa, y ellos ni siquiera pueden ir a la suya, ¿qué hay de distinto entre sentar un pobre en nuestra mesa y sentarnos en la mesa del pobre?

Tomo un libro, un librito que escribí desde una conciencia limpia que no se terminará nunca de limpiar. Leo unas citas que hice de algunos textos de Levinas, quien tenía limpia conciencia de la alteridad del pobre: 1. «alimentar al otro es conservar en el alimento el carácter de comida; jamás será transformarlo en un mínimum vital. Al nutrir al otro es preciso agasajar, en alguna medida, su capricho; de no ser así, ocurriría el naufragio»; 2. «recibir y alimentar a los hombres, mantener la tienda abierta a los cuatro vientos.»; 3. «hay más en la familia de Abraham que en las promesas del Estado»; 3. «después del miedo y de la angustia, la posibilidad de una sociedad donde cada uno tiene su morada, vuelve a su casa y a sí mismo, y ve el rostro del otro.»; 4. «reconocer al otro es reconocer un hambre».

Tomo otro libro, de poemas, unos de mi hijo el mayor y otros míos. Leo uno de estos: el XV en la página 37. Y me doy cuenta, con esa conciencia limpia que nunca se acaba de limpiar, de que no me queda tinta en la pluma para seguir escribiendo. He de mandarla a recargar. Tardarán unos días o unas semanas en hacerlo. Hasta entonces.

(tvb)



lunes, 30 de enero de 2017

Resucitar para morir: el destino de los buenos libros.

De pronto, para interpretar y oponerse a una negra realidad actual, alguien resucita a un autor del pasado y a una de las obras de este a la que define como su buque insignia. Se sabe que esa resurrección durará lo que duran las vidas de la moda. No importa, al escritor y a su libro hay que transformarlo en el nuevo icono mediático. Lo importante es el icono. Basta que se dé un mínimo parecido entre la realidad que abordó en el libro y la nuestra, para que sean elevados a tema del momento, a «trending topic» que vende y renta. Resultado: la castración del alcance de sentido que tiene una obra, el desconocimiento del pasado y de las peculiaridades de nuestro presente. Epidérmica conciencia creativa. Y, por supuesto, mucha auto-complacencia en el mandarín intelectual. Esto es lo que nos da el inmenso «como sí» en que vivimos: «ya que se parece, pues como si fuese, aunque no sea». 

Así, vemos que entre quienes leyeron el libro, los hay que se ufanan de haberlo hecho -cual visionarios- hace mucho tiempo. Y entre quienes no la han leído aún, los hay que presumen de haberlo comprado «¡ya!». Pero otra cosa será que unos lo vuelvan a repensar (si es que lo pensaron en su día) y que los otros lo piensen tras haberlo leído (si es que en verdad llegan a leerlo). Pero bueno, el caso es que para los medios de masas -de multitudes, de gente, o de lo que sea, con tal que sea muchedumbre que consume cultura- ya hay una nueva vela que izar y a la que el olvido, más o menos inmediato, la arriará de nuevo. Y hasta la próxima, que no tardará en llegar. Así, las páginas de esas grandes obras, a las que se dice rescatar para mejor conocernos y conocer nuestro mundo de hoy, se vuelven tan fungibles como los folios en blanco de una copistería. De generación en generación, a fuerza de degeneración de la conciencia crítica, vamos como si fuésemos. 

¿Alguien cree que el autoritarismo del presidente actual de EEUU queda clarificado con rescatar el libro de Orwell «1984»? ¿Cuál es la utopía de Trump que se parece a la horrible utopía que Orwell denunció en este magnífico libro? ¿El autoritarismo caprino de Trump se basa en la ilusión de una utopía? ¡Vamos con los simplezas y los recortes de conciencia! ¿Con esa hermenéutica se pretende dictar la lucha contra el hatajo de autoritarios que proliferan por los gobiernos de nuestro mundo? ¿De ese modo, que convierte en tópicos un excelente libro y la temeraria realidad que vivimos, se contribuye a la auto-formación crítica de conciencias cívicas, las cuales deberían descriptar a los enemigos de la democracia? 


La llamada distopía de Orwell lo era por ser una crítica de los regímenes totalitarios de la primera mitad del siglo XX. Regímenes que se asentaron con la santificación teórica y la concreción institucional de las respectivas utopías políticas. Y hoy, cuando hace cien años de la revolución rusa de 1917, y habiendo vivido todo lo que la humanidad ha vivido de inhumanidad, o sea, habiendo muerto todo lo que del ser humano ha muerto, los libros de Orwell recobran un valor de sentido moral y político que no merece ser reducido a este banal presentismo. El libro «1984» no es un libro aislado en la escritura de Orwell. De la mano de esa obra están otras: «Rebelión en la granja», «Mi guerra civil española», «Homenaje a Cataluña», «Notas sobre el nacionalismo», etc. Quien pueda y quiera leerlos, se llevará más de una sorpresa, no solo estética, y su conciencia democrática lo agradecerá. 

(tvb)


viernes, 27 de enero de 2017

«La medida de nuestros días»: 27 de enero.

Palabras de Charlotte Delbo para medir nuestros días en el día de hoy: 

«No tenemos modo de influir en el presente. A veces intento imaginar cómo sería yo si fuera como todo el mundo, si no hubiera ido allí. No lo consigo. Soy otra. Hablo y mi voz resuena como una voz ajena. Mis palabras vienen de fuera de mí. Hablo, y lo que digo no soy yo quien lo dice. Mis palabras van por un camino muy estrecho del que no se deben apartar, so pena de adentrarse en regiones en las que se harían incomprensibles. Las palabras no tienen el mismo sentido. Les oyes decir: “He estado a punto de caerme. He pasado miedo”. Pero, ¿acaso saben lo que es el miedo? O bien: “Tengo hambre. En el bolsillo de mi chaqueta debe haber una chocolatina”. Dicen: tengo miedo, tengo hambre, tengo frío, tengo sed, tengo sueño, me duele, como si estas palabras no tuvieran ningún peso. Dicen: voy a ver a unos amigos. Amigos… ¿Qué saben ellos de la amistad? Todas sus palabras son ligeras. Todas sus palabras son falsas. ¿Cómo estar con ellos si sólo llevas dentro palabras pesadas, pesadas, pesadas?»

(Charlotte Delbo. Auschwitz y después III. La medida de nuestros días. Trad. de Mª Teresa de los Ríos. Madrid: Ed. Turpial, 2004. pág. 52)


«Aquel poeta que nos había prometido rosas
Habría rosas
en nuestro camino
cuando volviéramos
había dicho.
Rosas
el camino era áspero y seco
cuando volvimos
Habría mentido el poeta? 
No
Los poetas ven más allá de las cosas
y el nuestro era clarividente
si rosas
no hubo
es que no volvimos
y además
por qué rosas
no exigimos tanto
es amor lo que habríamos necesitado
si hubiéramos vuelto». 


(Charlotte Delbo. Obra citada. pág. 58)

Nota: Los textos en francés, de la obra original, son de la edición electrónica Charlotte Delbo. Auschwitz et après. Mesure des nos jours. Les Éditions de Minuit, 2013 (correspondiente a la edición en papel de 1971). No modifico en nada la traducción al castellano que he reproducido aquí: dejo a criterio de los lectores realizar su propia traducción si así lo quieren. 



«Nous n’avons aucune prise sur le présent. J’essaie quelquefois d’imaginer comment je serais si j’étais comme tout le monde, si je n’étais pas allée là-bas. Je n’y parviens pas. Je suis autre. Je parle et ma voix résonne comme une voix autre. Mes paroles viennent d’en dehors de moi. Je parle et ce que je dis, ce n’est pas moi qui le dis. Mes paroles vont sur un étroit chemin dont elles ne doivent pas s’écarter sous peine de de toucher à des régions où elles deviendraient incompréhensibles. Les mots n’ont pas le même sens. Tu les entends dire: “J’ai failli tomber. J’ai eu peur.”. savent-ils ce que c’est, la peur? Ou bien: “J’ai faim. Je dois avoir une tablette de chocolat dans mon sac.”. Ils disent: j’ai peur, j’ai faim, j’ai froid, j’ai soif, j’ai sommeil, j’ai mal, comme si ces mots-là n’avaient pas le moindre poids. Ils disent: je vais voir des amis. Des amis … Des gens chez qui on va dîner ou jouer au bridge. L’amitié, qu’en savent ils? Tous leurs mots sont faux. Comment être avec eus quand on ne porte que des mots lourds, lourds, lourds?»


«Ce poète que nous avait promis des roses
Il y aurait des roses
sur notre chemin
quand nous reviendrions
avait-il dit.
Des roses
le chemin était âpre et sec
quand nous sommes revenus
Le poète aurait menti?
Non
Les poètes voient au-delà des choses
et celui-ci avait double vue
si de roses
il n’y a pas eu
c’est que nous ne sommes pas revenus
et de plus
pourquoi des roses
nous n’avions pas tant exigence
c’est de l’amour qu’il nous aurait fallu
si nous étions revenus.» 



domingo, 22 de enero de 2017

Filosofía y poesía, o de qué hace alguien como yo (y tú) en un sitio como este.

Convengamos que la filosofía, entre otras funciones, tiene el cometido de la clarificación de los conceptos. Siendo así, ¿por qué adentrarse en el poesía si ya se está en la filosofía? No sé por qué lo hacen otras personas que se dedican a filosofar, pero en mi caso, lo hago por un motivo congruente con la voluntad de Unamuno de devolver a los conceptos la emoción que tienen las palabras. 

En definitiva, se trata de habitar en el mundo de las ideas encarnadas, en el que conceptos y palabras cohabitan -indistintamente- entre claros y oscuros, entre luces que son sombras  y sombras que son luces. Dicho de otro modo, para evitar que el esfuerzo del concepto -del que habló Hegel- se convierta en la fiesta del pensar -de la que habló Heidegger-. El esfuerzo del concepto no es solo el dolor de los conceptos, sino que incluye el concepto de dolor; y nada como el trato poético de la palabra (el arte en general) para devolverle la emoción (y la conmoción) al pensar que cuenta con la experiencia del dolor. Claro, que de este modo también la palabra se embaraza de las ideas, en un mundo donde pensar la esperanza. 

¿Un ejemplo? Veamos uno con la ayuda excepcional de un ejemplar poema. 

A menudo, se utilizan sin distinción precisa los conceptos de «eficacia», «eficiencia», «estrategia» y «táctica». A continuación, intentaré aclarar el significado de cada uno de estos cuatro conceptos y adjuntaré la fotografías de unas copias del poema de Mario Benedetti cuyo título está en conexión semántica con estos. Espero que a alguien le ayude a ese reubicarse en el mundo de las ideas, en lo que Benjamin llamaba constelación de ideas, pero que -a diferencia del de Platón- están encarnadas en la experiencia viva de lo humano sensible, aunque bien que trasciende la simple vivencia individual. No obstante, advierto, esa reubicación o rehabitación de y en el logos, no será pasiva ni inmediata: el lector está requerido para realizar su propio esfuerzo, el del concepto del concepto de dolor. Compruébelo él mismo en sí mismo, y constate si en verdad mira desde dentro, allí donde cohabitan luces y sombras. Bienvenido si aún no lo estaba, y encantado de conocerle. Nos iremos cruzando, saludando, conforme vayamos entrando y saliendo de ese mundo de incierta libertad, al que así llamo con palabras de mi querido Amigo Estaban Molina. 

«Eficacia» (“eficaz” o “efectivo”): al hablar en relación con alcanzar realmente los objetivos, metas y fines. 
«Eficiencia» (“eficiente”): tiene que ver con los medios o instrumentos adecuados para tener eficacia, o sea, para conseguir efectivamente los objetivos, metas y fines. 
«Estrategia» (“estratégico”): hace referencia a la ordenación de un plan para conseguir algún objetivo, meta o fin.   
«Táctica» (“táctico”): está relacionada con las operaciones o aspectos concretos para ejecutar la estrategia.



(tvb)

Poema: Mario Benedetti. El amor, las mujeres y la vida. Ed. Sudamericana. Buenos Aires.






jueves, 19 de enero de 2017

DEBIDA AMISTAD PARA UNA AMISTAD DE VIDA.

LITURGIA DE LA PALABRA BELLA, PALABRA DE ESPERANZA Y VERDAD.

De vez en cuando, se vuelve uno a encontrar con palabras cuyo primer efecto, al leerlas, es un sentimiento de admiración y gratitud. Con esta clase de palabras, comprobamos que la belleza de la escritura puede ser un modo de sobreponerse, si no es también de ir venciendo a lo terrible que esa escritura expresa. Tales palabras, leídas en la actualidad, vienen a reforzar el sentido de otras que ya leímos en otros días.

Palabras todas ellas, las del hoy y las del ayer, con referencia a lo terrible y temible, a lo que es muy difícil o casi imposible de tolerar. Palabras bellas y palabras sobre la belleza de las palabras. Unas y otras vienen a recordarnos, en el quedo a quedo de la voz, cuál ha de ser el sentido de la cultura -del arte de la palabra creativa- cuando llega el tiempo de lo espantoso, lo atroz y lo infame.

En esos momentos, a los que Levinas llamó «los agujeros de la historia» y «las horas sordas de una noche sin horas», lo que tiene valor estético y moral son esas palabras bellas. Estas se escriben no para la «adquisición de méritos» ni por un radical «nihilismo», sino por relación directa con el otro -que en esos casos también viene a ser quien las escribe-. Pero una relación con la delicadeza moral de «alcanzarlo sin tocarlo», con la «paciencia» de una vitalidad renovada en medio del horror. Esas palabras bellas, muy bellas, bellas en extremo, pronunciadas en el centro de algo extremo que se nos da a conocer, son «distintas a la vez de juegos y de cálculos». Esas palabras son de una generosa «liturgia» que solo ofician las personas dotadas de alma bella y plena en bondad. Personas que ante la amenazante «escatología sin esperanza» para sí mismas o para su tiempo, pronuncian palabras de hermosa esperanza para otros y para otro tiempo que no sea solo el presente. ¿Quién puede nombrar al otro y al tiempo futuro del otro cuando parece que se nombra a sí mismo y a su momento? Ese «quien» no es un héroe, no es un genio, no es un santo. Ese «quien» tampoco es una simple buena persona, sino que es una persona buena, de palabras bellas pronunciadas en verdad y con veracidad.

Dichosos quienes escuchamos o leemos palabras de una persona de ese calibre moral y estético. Dichosos, admirados y agradecidos hemos de estar por esas palabras que han sido escritas allí donde (a primera o a última hora, y entre horas) son muy a menudo -y para muchas personas- las horas sordas de un día y de una noche sin horas. Gratitud, admiración y dicha al constatar cómo se nos va haciendo bella la verdad que nos legó el poeta Goethe: la esperanza solo no es dada para quienes no la tienen. Una verdad anómala en el proceder de una verdad imposible. Y es ahí donde hay vida, en esa verdad, la de esas bellas palabras, la de esas personas buenas que ofician la liturgia que, según Levinas, es la ética misma. Y es ahí, en esa verdad recóndita en los agujeros sombríos de la historia, donde brota la amistad como virtud que compendia la conmiseración, la congratulación, la admiración y la gratitud, sin las cuales no es posible la dicha. Y es entonces, en amistad y por amistad, que alguien puede atreverse a mirar hacia lo alto y, no sin un debido pudor moral y estético, escribir:

A nosotros, yendo junto al amigo
por las viejas calles del nuevo suelo,
contra todo se nos murió el laurel,
se alzó la copa verde de un ciprés;

Habló Hiperión, para decir con fe
que solo el amor engendró este mundo;
para gritar con su firme esperanza
que por la amistad lo hará renacer.
...
Y bajo los cielos de nuestras tierras,
miraremos el cielo de las vuestras.


(tvb)




lunes, 2 de enero de 2017

Imágenes de gracia. Urgencia de la Paz.

URGENCIAS DE PAZ

De las guerras de antaño,
que la paz no se firme para luego,
sino que venga hogaño.
Y escúchame este ruego:
¡Que cese ya el tiempo de sangre y fuego!


(tvb)



(Grabado de Goya en los Desastres de la Guerra. 1843.)

sábado, 31 de diciembre de 2016

El milagro de la singularidad universal.


Palabras de gracia

Al Poeta Manuel Ruiz Amezcua
                      
«Arquero de la nada, nada pido.»


Si alguna vez yo te di algo,
no fue por tu punzante carestía, 
sino por lo que callaste,
y al callar, tu lacerante eufonía.

Si alguna vez yo te di algo,
no fue por una fatua mercancía,
fue gratitud por el hombre
en la nada, sin la vana falsía.

Si alguna vez me diste algo,
al crear tu desnuda poesía,
fue consuelo para el hombre
en la nada, sangrante diacronía. 

Si alguna vez me diste algo,
al escuchar tu indócil herejía,
fue valor para ser hombre
en la nada, tan fatal y sombría.

Si alguna vez te pedí algo,
no lo fue por mi tenaz osadía,
sino por cómo me hablaste, 
y al hablar, tu cercana maestría.



(tvb)


«Un particular que sabe de lo universal ya no es meramente particular, sino particular que, sin dejar de ser esencialmente particular, ha avanzado ya hasta la frontera de los dominios del universal. Esto es el Individuo, el singular, que lleva en su cuerpo las notas del universal; y no del universal en general -que no tiene "nota" alguna-, sino de su universal, de su especie, de su género; y, sin embargo, continúa siendo una estación en el camino del puro particular hacia el universal. [...]. El nacimiento irrumpe en su resultado individual, como un pleno milagro, con la avasalladora fuerza de lo imprevisto e imprevisible. Fecundación la había siempre, y, empero, cada nacimiento es algo absolutamente nuevo. Sobre la más individual de las acciones humanas cae un buen éxito de individualidad verdaderamente "indecible", impensable.»

(Franz Rosenzweig. La  Estrella de la Redención. Edición preparada, traducida e introducida por Miguel García-Baró. Salamanca. Sígueme: 1997. págs. 88-89.)



     

(Dos obras de Carlos Montaño. Técnica mixta/papel.)