sábado, 14 de septiembre de 2019

VISITA A «CASA DE SEFARAD» (a modo de crónica)


I. MEDICINA Y RESPONSABILIDAD INFINITA.

Para este jueves 12 de septiembre,  con la hospitalidad de mi querido y admirado amigo Sebastián de la Obra, director de la CASA DE SEFARAD de Córdoba:

«El jueves próximo, 12 de septiembre, tendrá lugar la presentación de los libros: "La amistad debida" y "Arcanos de navegación" de Tomás Valladolid Bueno.

"El hombre feliz necesita amigos", aseguraba Aristóteles en su "Ética a Nicómaco". Montaigne y Etienne de la Boétie construyen su amistad sobre la libertad. María Zambrano y Lezama Lima se escriben y son amigos desde la igualdad...

Una colección de aforismos en la senda de los "Proverbios" de Sem Tov de Carrión y de los "pecios" de Rafael Sánchez Ferlosio.

Una cita saludable, en Casa de Sefarad, para pensar. Están ustedes invitados.»

(Sebastián de la Obra)


— Textos para la inmersión:


- «Las VIRTUDES no han de contenerse en los límites de sus propias leyes. Han de se espansivas (sic). Lo otro sería una especie de retórica de las virtudes. (...) La poesía no puede ser nacional ni, menos, rejional (sic). Sólo UNIVERSAL, no internacional». (Juan Ramón Jiménez)

- «... AMOR es fundamentalmente que LA MUERTE DEL OTRO me afecta más que la mía. El amor al otro es la emoción por el la muerte del otro. Es mi forma de ACOGER al prójimo, y no la angustia que espera, lo que constituye la referencia a la muerte. Nos encontramos con la muerte en el rostro de los demás. (...) Dicha SUBJETIVIDAD está implícita en LA INTRIGA DE LA PROXIMIDAD COMO ACERCAMIENTO al prójimo. Acercamiento paradójico, puesto que con él, la distancia aumenta a su mismo ritmo y, cuanto más cerca, más lejos se está» (Emmanuel Levinas)

- «Sólo la muerte, al ser radicalmente Otro, nos da la clave de cualquier posible alteridad. Y lo hace a partir de esa ALTERIDAD DEL “AMIGO” que San Agustín ya percibía como algo inconmensurable, como UNA PROXIMIDAD DISTANTE IRREDUCTIBLE A UNA MEDIDA, a una mensura concebible para el Sujeto. A ese Otro se refiere el tiempo oportuno, el tiempo apropiado, el don, la COMPROMETIDA Y VINCULANTE RESPONSABILIDAD CON EL TIEMPO». (Giacomo Marramao).


(tvb)







II. AMISTAD, CIENCIA Y LIBERTAD.

Ayer, en Córdoba y en un acto dentro de las jornadas sobre «Medicina & Sefarad», que están celebrándose en la «Casa de Sefarad» -hábitat cultural de historia y de memoria- hablamos sobre una idea de amistad cívica que articule (con miras a la bondad y justicia democráticas, tomando la ciencia y la libertad como principios de orientación) la división o escisión inevitable que existe en la relación del individuo consigo mismo y con los demás. 

Hablamos, celebrando la amistad, con un persistente recuerdo de la figura histórica del «marrano» (cripto-judío-converso): en la dinámica de su existencia se conformaron algunas notas fundamentales de la compleja subjetividad moderna. Figura tratada como uno de esos «arcanos» que nos ayuda a comprender algo básico de la subjetividad moderna: el que se haya ido debatiendo -políticamente- entre la civilización y la barbarie. 

Cada vez que la «ciencia» y la «libertad» han sido sometidas al fanatismo totalizante del dogma (sea en la versión de las religiones tradicionales o en la de las religiones seculares de los totalitarismos políticos) la humanidad ha naufragado en ella misma. Para encontrar condiciones morales y políticas que lo impidan es para lo que ayer pensamos y hablamos de la mano de Spinoza, Levinas, Camus, etc. La presentación de mis modestos libros solo fue un pretexto para seguir esa «búsqueda sin término» ni cierre, pero una búsqueda en amistad debida. (Muchas gracias, pues, a mi querido amigo Sebastián de la Obra y a todas las personas que con su presencia y compañía también lo hicieron posible. Gratitud que extiendo, como recuerdo, a quienes su no presencia no supuso ausencia). 

Comparto captura fotográfica de la portada del fajo documental de un proceso que el tribunal inquisidor de Navarra siguió contra un judío converso entre 1520 y 1521. Resulta significativo que la cartivana (el lomo con el que se refuerza el cosido de los documentos sueltos del proceso inquisidor) esté hecho con el trozo de un pergamino donde fue escrito un texto en hebreo, de origen sefardí, donde se tratan algunos temas de medicina. 

Si la elección del pergamino de un códice de medicina fue a conciencia por por parte del tribunal es algo que no sabemos; si a conciencia se hizo con alguna intencionalidad ajena al propio proceso, tampoco. Pero de lo que sí podemos pensar es que, a nuestros ojos, si miran con los ojos del converso, constituye toda una alegoría de que la libertad y la ciencia son sometidas, a una, al proceso de dominación religiosa. Es lo que tiene toda forma de teología política, sea religiosa o secular, y es que condensa en único punto trascendente el poder, el conocimiento y el derecho. Pues, comparto un documento de da fe cultural de aquella barbarie: despojo de un naufragio moral.

(Nota: Enlace al artículo donde puede conocerse del desarrollo de ese proceso de la Inquisición navarra. A su vez, foto de un libro publicado en mayo pasado donde puede leerse una interpretación de los marranos acorde con nuestros presupuestos morales y políticos sobre la amistad.) 




Fuertes abrazos y feliz fin de semana. 


(tvb)







domingo, 8 de septiembre de 2019

DESNUDO POÉTICO

Hace unos días, saliendo de Siles hacia Dos Hermanas, recordando a mi madre, sentí y pensé que... :

HASTA TANTO

hasta que Ella aquí no vuelva
es que yo no veré la alegre luz
ya naciendo y muriendo
en los confines de este pueblo

por esos montes cardinales 
donde su voz de oscura gruta
donde su eco de vida encarcelada
va rasgando el velo de los aires

cuando el agua refluya más libre
por estos barrancos y hontanares
en cascadas de piedra toba
con sus musgos de verde pinar

hasta que yo a Ella retorne.


(tvb)





sábado, 7 de septiembre de 2019

EDICIONES felices y legales, pero DESHONESTAS.


Estaría muy bien que algunos editores afinen ciertas sensibilidades sociales y morales, esas que ayudan a hacer justicia con los autores. Hablo de una justicia que es tan importante como la adecuación legal de las ediciones. Sin ese afinamiento, las publicaciones salen impregnadas de fealdad, de cierta suciedad, por mucho brillo que traiga la novedad. Y esto sin contar (no digamos ya contando) con la ausencia de algo de lo que ya se disponía y que tenía calidad: no siempre vale eso de que «las gallinas que salen por las que entran».

Muchos lectores tienen motivos para estar muy contentos al ver que una editorial ha publicado su 2ª edición del Discurso De La Servidumbre Voluntaria de Étienne de La Boétie. La primera edición hace años que estaba agotada, de manera que esta segunda viene muy bien para quienes han estado interesados en adquirir el libro y no podían hacerlo. 

Así que hay que felicitar a los editores por haber adecuado su oferta a la demanda, haciéndolo además con el añadido de un texto del mismo La Boétie y cuatro más de Michel de Montaigne. Esto ha supuesto la introducción de unos párrafos en la “nueva” presentación de esta 2ª edición respecto al texto que en la primera figuraba como «Historia de la obra» (mismo autor de esta y de esa nueva). Así mismo, se mantiene el epílogo (un texto de Claude Lefort) de la primera edición, con la traducción de este realizada no por el mismo autor que tradujo y traduce los textos de La Boétie y Montaigne (el autor de la “nueva” presentación), sino por una persona distinta que en la primera edición también hizo la antigua «Presentación». 

Pues bien, ahora, que es lo que comento, la presentación de la primera edición ha desaparecido sin dejar rastro (mención) alguno ni de su existencia ni de su autoría, a pesar de haber fallecido la persona titular de la misma hace ya unos años. [Y no solo -entre la primera edición y la segunda- murió el autor de la traducción del epílogo y de la primera presentación, sino también el autor del texto original en francés del epílogo]. 

Doy por supuesto que, al retirarse aquella primera presentación, la 2ª edición no infringe ningún precepto legal. Ahora bien, reeditar sin siquiera recordar en una nota la existencia de la misma, no me parece honesto, honrado, limpio, decente, virtuoso o moral. Es buena costumbre mantener, en cada una de las nuevas ediciones de libros, junto a las nuevas presentaciones, prólogos o introducciones, aquellos textos que lo fueron de las viejas. Y es una buena costumbre, por conveniente, por ofrecer información o contenidos que el lector está bien que tenga a su alcance. A su vez, es buena costumbre desde el punto de vista moral por lo que afecta al autor de los antiguos prólogos, presentaciones e introducciones. 

Pienso que en este caso se debería haber seguido la buena costumbre, máxime cuando se ha mantenido el mismo epílogo. Si continuarla suponía una excesiva carga, al menos, haber incluido una nota indicando el pesar por el fallecimiento de la persona que escribió aquella primera presentación y que tradujo el epílogo, es decir, de ESTEBAN MOLINA GONZÁLEZ. Este trabajó muy duro para que se publicase en castellano el Discurso de La Boétie junto con el texto de Lefort, también ya muerto, acerca de aquel. 

¿Tanto cuesta ser justo incluso según el sencillo y clásico principio de dar o mantener a cada uno lo suyo? Pues parece ser que en algunos casos ni por estas. Lo cual es más grave de lo que parece, ya que se comete –efectivamente, tratándose del tema de la amistad- una omisión (¿olvido?) que afecta a la razón y a la libertad. Ciertamente, si no se sabe ser amigo de los otros, no puede uno alcanzar a ser amigo de sí mismo. ¿De qué o quién, por tanto, sería uno esclavo?

(tvb)













sábado, 13 de julio de 2019

¿QUÉ GENEROSIDAD ES… ?


1. Hechos:

MURIÓ ASESINADO POR LA BANDA TERRORISTA ETA; Y LOS CORRELIGIONARIOS DE SUS ASESINOS PRESIDEN HOY UNA COMISIÓN OFICIAL DE DERECHOS HUMANOS. 

2. Consideraciones: 

EL 13 de julio de 1997, un concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, murió como consecuencia de los disparos recibidos unas horas antes por miembros de ETA. Aquel crimen, como todos los cometidos por esa banda terrorista, no hubiese sido posible sin la participación, directa o indirecta, sin la omisión o sin la legitimación social e ideológica ofrecida por los grupos que pertenecieron o pertenecen al entramado de la banda. 

Ayer, 12 de julio de 2019, EH Bildu, uno de esos grupos, que hace un tiempo adoptó esas nuevas siglas para su blanqueo -que se estila decir ahora- ha sido nombrado para presidir la Comisión de Derechos Humanos de las Juntas de Gipuzkoa. La decisión fue aceptada por todos los grupos que tienen representación en esas Juntas. Posteriormente, desde el PP se ha justificado su aceptación diciendo que fue un error. Hombre, ¿un error en un asunto tan importante como es la decisión de colocar o no al zorro en el palo mayor del gallinero? ¿Error o, más bien, grave vaciamiento moral no solo por contagio, sino por extensión en sí mismo de otras corruptelas, incluidas algunas formas de hacer el duelo?

A ver, que expliquen los de EH Bildu si aquel asesinato de Miguel Ángel Blanco formaba parte del cupo de sufrimientos necesarios para conseguir sus objetivos, es decir, los objetivos del nacionalismo independentista de ETA. Y que EH Bildu -junto a los demás partidos, incluido el PP- expliquen si esa decisión de poner al zorro de gallo, es también parte del cupo de sufrimiento necesario que han de padecer hoy las víctimas del terrorismo de ayer con semejante desprecio. Eso tiene un nombre en las disciplinas jurídicas: victimización secundaria a causa de las decisiones injustas adoptadas por las instituciones y las administraciones de los poderes públicos. Y tiene otro nombre en la nomenclatura de un ética democrática: degeneración por pérdida progresiva de la vergüenza moral. 

Ya, ya sé que decir esto puede conllevar la acusación de que uno pone obstáculos para la paz y la convivencia. ¿Para la paz y la convivencia que les debemos a los asesinos y sus cómplices por la generosidad que han demostrado al dejar de asesinar? Digo de asesinar, porque lo que es dejar de violar -por otros medios- las condiciones, no solo morales, para una convivencia democrática, esto no parece que se les dé muy bien. Vamos que para algunos (esos estupendos de la moral neutra) es como si uno se opusiese a ser generoso con los generosos (criminales).

3. ¿Conclusiones? 

Así, por lo pronto, compartir texto que cité en una entrada de aquí con fecha de 7 de enero 2011. Tiene que ver con una idea de generosidad democrática muy distinta de esta que acabo de desconsiderar en las líneas anteriores. Merece la pena pensar lo que en ese texto citado se dice, al menos es lo que uno estima como necesario para que no haya más sufrimientos necesarios ni innecesarios (¡sufrimientos por crímenes o por injusticias, no desgracias por accidentes o errores!)


«Sin embargo, me da la sensación de que todavía nos falta dar algún paso más y llegar a realizar la afirmación de que “la sociedad ha de ser generosa con las víctimas”. Y esto no significa resarcirlas o reconocerlas, porque es de justicia, sino algo que va más allá. ¿A qué estamos dispuestos a renunciar, qué estamos dispuestos a perder o posponer en aras de que las víctimas puedan vivir mejor entre nosotros? Ante el peligro de que la mayoría (el “rodillo democrático”) nos impongamos, en una mecánica impecable, pero también implacable, a la minoría que son las víctimas, creo que hay que recordar que la democracia, en sus acepciones moralmente más ejemplares, es el gobierno de la mayoría que respeta los derechos de la minoría, ante la que se muestra particularmente generosa. La pregunta que hay que hacerse no es si las víctimas pretenden imponernos sus planteamientos políticos, sino qué estamos dispuestos a hacer en los nuestros para que las víctimas, en cuanto tales, tengan cabida y acomodo razonables. Así, las propuestas políticas de quienes no somos víctimas adquieren mayor valor y legitimidad en la medida en que las tengan en cuenta y sean más solidarias y generosas con ellas».


(Galo Bilbao Alberdi, Por una reconciliación asimétrica)






(tvb)

«KAIRÓS Y JUSTO A TIEMPO»


JUSTO A TIEMPO (de Tomás Valladolid Torres)

Flanqueadas por cipreses
descansan las palabras
de nuestros silencios.

Vencido contemplo la piedra.
Mi mano ausente sobre el mármol
recorre tu nombre y tus años.
Frío en el espíritu,
y el ahogado hilo de un quejido
diseminado en el manantial
de la melancolía.

En este aciago momento,
tras los ecos del otoño,
pienso en lo que callamos,
nosotros ya siempre tarde.
Y aunque pudimos cambiarlo,
nunca supimos estar
tú en mí, yo en ti, justo a tiempo. 


(Tomás Valladolid Torres) 



Nota:

Mi hijo mayor me envía este poema que ha compuesto últimamente. Lo comparto aquí con la lógica y mayúscula satisfacción de padre, pero también con una inmensa fruición poética. Pero no solo me causa emoción lectora, sino que me levanta el pensamiento, me amplía la vital comprensión de palabras y conceptos. En concreto, me ha devuelto a un pasaje del libro en que Giacomo Marramao expuso sus ideas sobre el tiempo oportuno («Kairós«). La bella e inquietante poesía de Tomás Valladolid Torres, me ha remitido a ese corte de sentido que puede conferirse al lenguaje en su relación con el tiempo. 

En referencia al silencio con el que Wittgenstein concluyó su «Tractatus», Marramao escribió lo siguiente: «No es, en realidad, el abismo de silencio que precede y circunscribe al lenguaje-mundo, sino una palabra paradójica, una palabra que viene después del lenguaje, después de haber experimentado hasta las últimas consecuencias el potencial expresivo de todas las palabras». Incluso de las palabras que no se pronunciaron ni se pronunciarán jamás, añade uno. 

Me van a perdonar el lujo, pero más allá del sentimiento de padre, este poema de Valladolid Torres me parece magnífico, muy significativo de una poética del extra/ordinario «kairós», del imposible «justo a tiempo». Una poética que se expone en los inquietantes límites del decir, de la ausencia y la espera de una palabra dicha a tiempo, en la irreversible o irreparable naturaleza temporal del lenguaje, de la muerte que acompaña a las personas gramaticales y que por eso las mantiene vivas en su existir. 

El lamento de un decir que se desdice por inoportuno e inapropiado. De la inquietud de un decir que nunca podrá ser dicho «justo a tiempo». ¿Cabe mayor decepción para el ser humano y, a la vez, mayor esperanza que el decir mismo de la palabra poética? No es el amor el que decepciona, es la decepción de todo decir la que funda el amor entre los hablantes, la que los hace amantes. 

Por esto, quienes divinizan su lengua (propia que no apropiada, pues esta es imposible) cometen la mayor de las violencias, la violencia que sacraliza la perversión de los límites, es decir, que levanta fronteras, impidiendo que florezca el amor de los hablantes (igual de decepcionados y decepcionantes) allá donde es el vértigo del límite, la brecha que abre la palabra («libertad») que nos inquieta y nos hace hablar. 


(tvb)




miércoles, 29 de mayo de 2019

Vientos de Asolada Vida


¡A QUÉ...?

¡a qué dibujar fronteras en el aire
marcando territorios de altas nubes
que siempre con cielo incierto
riegan las tierras fértiles sin lindes?


¡a qué trazar líneas de torcida división 
rompiendo lazos de necesaria estima 
los sueños de fraternas infancias
despertando las amargas inquinas?


¡a qué abrir las trincheras de voz
contra voz hablando palabras ciegas
levantando vientos de asolada vida
mentando nombres de violenta ira?


(tvb)


Nota. Pinturas de El Bosco (representación de la ira en «Mesa de los pecados capitales) y de Dosso Dossi («La ira»).






lunes, 27 de mayo de 2019

«LA BÚSQUEDA IGNOTA» EN LOS FALSOS DÍAS.


Los falsos días es el título del nuevo libro del poeta Jesús Cárdenas. Publicado por la editorial Alhulia (Salobreña), se presentó el pasado 21 de mayo en un acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras que se celebró en la Biblioteca Provincial de Sevilla “Infanta Elena”. En la mesa intervinieron el propio autor Jesús Cárdenas y la escritora Elena Marqués. 
Jesús Cárdenas dedica el libro, en tercera y última referencia, a quienes «no ponen en venta el fluir de nuestros días». Los días falsos que Jesús Cárdenas acota -inicialmente con una cita del poeta J. A. Valente- pertenecen a un «tiempo vacío» que avanza de forma queda «hacia la sombra» y que deshilacha el mundo en «jirones de nada». En correspondencia con ese tiempo, de acuerdo con lo que escribe en el poema «SIN TI», el espacio convivencial se «convierte en una isla de sombras» porque «simplemente no suceden los días». 
Con gran dominio poético, ese mundo aislado y de aislamiento, lo presenta Cárdenas como un mundo de sombras «EQUIDISTANTES»: «Parece que vivimos / -igual que fanáticas fieras- / tan lejos unos de otros / como de nuestros propios sueños». A tal efecto, unos versos finales del último poema del libro («CRUZAR EL RÍO») tal vez resuenen contrafácticos o imperativos: «Adelante, déjate de sombras. // Céntrate en el valor del salto. Vamos». Y si digo que quizá sea así, se debe a la visión heraclítea del poeta: «No es posible vivir sin una sombra / que abarque la otra parte» («EL RETORNO» Y «ZONA UMBRÍA»). 

Dicha visión se ejecuta en un magnífico intercambio poético entre una conciencia de realidad y una conciencia de intimidad, para ir cumpliéndose como conciencia sintiente. O sea: aquí, en LOS FALSOS DÍAS, la realidad y el conocer van de la mano de una erótica muy cardenasiana. Podrá comprobarlo el lector tanto en los bellísimos poemas de amor del último capítulo («SABER ROMPERSE») como en dos magníficas composiciones del tercero rubricadas como «REECUENTRO Y DISTANCIA» y «LA REALIDAD ARDIENDO». Este sentido de una unidad de conciencia dinámica es el que, por ejemplo, podría guiar la lectura de un poema («EL RETORNO») que se explana hacia otro («ZONA UMBRÍA») con una singular aliteración/adición. 

El proceder no podría ser de modo muy distinto por cuanto Jesús Cárdenas comprende la verdad, en su relación con la poesía, como una entrega delicada y contenida: «La verdad estaba ahí susurrándole, / revelándose / con hurtos perspicaces» («POESÍA ES VERDAD»).  Comprensión que se refuerza con una cita de W. H. Auden al comienzo del capítulo segundo («PENUMBRAS DE LA REALIDAD): «No hay poeta que pueda proporcionarnos verdad alguna sin haber introducido en su poesía lo problemático, lo doloroso, lo caótico, lo feo». Y es que no cabe mentirse en un mundo de falsos días. Así lo declara con honestidad el mismo poeta: «No repitas sentida estrofa, / el mismo canto, / pues ya no significa certidumbre / sino tiempo en soledad» («ATENTO A LOS RELÁMPAGOS»). 

Como digo, hay veraz honestidad en esta poética de Jesús Cárdenas. Hay en ella un deseo de mirar con la palabra, pero consciente de un silencio de transfondo y un silencio de finales («TODO COMIENZA»). El poeta sabe que aunque «De pronto, la palabra / logra cruzar la noche silenciosa, / cuando crujía lo oscuro,» («MISTERIO»), sin embargo, esa palabra en la noche no está libre de torpeza, aún peor, nunca está a salvo del mal que traen los falsos días: «Fue apocado susurro al principio, / con el tiempo, vocablo resignado, / después corrompiéndose, traicionándose» («LAS DISTANCIAS»).

¿Y qué resta pues al poeta y al lector? Jesús Cárdenas abre el cuarto capítulo, que es el que presta título al libro, con un poema («PURO NIHILISMO») que bien firmaría cualquiera de aquellos clásicos del estoicismo que enviaron epístolas para transmitir sus doctrinas. Esa composición, a mi modo de ver, habría de leerse de manera complementaria con el poema «INVITACIÓN» que abre el poemario y con el último que ya he citado. En gran parte, leer el libro es «cruzar el río», dar el salto junto al poeta («Busca un silencio que nos haga cómplices») para proseguir un camino cuyo final se alcanza -«sediento»- con el alma dañada y el cuerpo herido. Quien dé el paso y avance, penetrará «en hondas cavidades», pero solo la fortuna le permitirá ver «un fugaz rayo de luz tan cegadora» que «camufla otra vida ilusionante». Por esto, al final, no será luz o memoria, sino  «la esperanza de luz o memoria». La esperanza arraigándose en una conciencia poética que no puede ceder ante los cantos de los falsos días: «Sabrás que la palabra se sustenta / sobre una negación, sobre el dolor, / sobre maneras de perder, / antes de que en el fondo de la noche te quiebres». 

Y después de leer, de habitar el territorio de esta esperanza, ¿qué cabría hacer frente a los falsos días? Pues vivir, vivir de esa forma estoica y epicúrea en que no saben hacerlo las sombras aisladas: «Sal luego al mundo a brindar / y a seguir aprendiendo, / como un modo de reanudar lo vivido, / de comprobar las leyes del placer», dice el poeta en una estrofa ya acabando su «INVITACIÓN». Pero como el poeta que es Jesús Cárdenas lo es según la verdad de su poesía, es decir, que susurra con hurtos perspicaces, en sus dos últimos versos de convocatoria nos cruza enigmáticamente la vida y la escritura: «Deja el libro: hemos transcrito otro. // Entra y cierra la puerta». 

Así que a golpe de belleza poética me regreso, con la esperanza de comprender, hasta la memoria de un texto de Maurice Blanchot: «La ausencia del libro». Y en esto, permanezco en silencio contra los falsos días, cómplice con la búsqueda del poeta ... «LA BÚSQUEDA IGNOTA». 



(tvb)



sábado, 25 de mayo de 2019

¿LA ELOCUENCIA DEL SILENCIO?

«La expropiación de la palabra por el poder es el tema político fundamental del teatro en cualquier tiempo. Pero el poder que silencia no siempre tiene rostro y nombre ... la tragedia de un ser humano que, apartado de la palabra, lo está del mundo y de sí mismo. Su "Si yo supiera hablar como los señores..." expresa el anhelo de un orden absolutamente otro».

(Juan Mayorga. Silencio)


«y oigo en mi silencio unos rumores lejanos y apagados, que parecen venir de lo infinito y que nunca llegan del todo. Son sus ojos, son sus palabras: son sus ojos purificados por la ausencia y la distancia; son sus palabras depuradas por su mudez».

«Los hombres solo se sienten de veras hermanos cuando se oyen unos a otros en el silencio de las cosas a través de la soledad».

(Miguel de Unamuno. Soledad)


«te alejas de los nombres / que hilan el silencio de las cosas».

(Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana)



«Pero entonces la luz se presenta dentro de la luz, la cual no es temática, pero resuena para “el ojo que escucha” con una resonancia única en su género; con la resonancia del silencio.» 

(E. Levinas, en el libro De otro modo que ser.)



«Dentro de la Poesía / todo vive, todo muere, / todo, como yo, prosigue su silencio». 

«A la búsqueda de lo que no existe, / mientras andamos, / coreo la verdad del silencio». 

(Manuel Emilio Castillo, El árbol del silencio).



«Quedan pocos espacios para el silencio. Quizá por eso la palabra está hoy tan degradada, al borde de la degeneración. Todos los grandes poetas han necesitado del silencio antes de cargar las palabras y de cargar con las palabras» 

(Manuel Ruiz Amezcua. Lenguaje tachado.)



JUAN MAYORGA: DISCURSO TOMA DE POSESIÓN.


El pasado día 19, Juan Mayorga, filósofo y dramaturgo, tomó posesión del sillón M de la Real Academia de la Lengua. Durante el acto, Mayorga pronunció un genial discurso sobre el silencio. Desde mis lecturas silenciosas de algunos poemas de Roberto Juarroz y otros de Manuel Ruiz Amezcua, además de algún libro de filosofía dedicado al silencio, no había disfrutado y aprendido tanto como lo he hecho al leer y escuchar ese discurso en que Juan Mayorga, con gran maestría, trata el silencio como entronque común del teatro y la vida. Anoto a continuación dos enlaces web donde, respectivamente, puede leerse la totalidad de su contenido así como ver y escuchar su intervención. Al final de la entrada, dejo captura fotográfica de algunas páginas del discurso. Así mismo, por acompañamiento, copio aquí algunos poemas o fragmentos de poemas de los dos poetas que he mencionado. Al fin y al cabo, como muy bien ha advertido Juan Mayorga en alguna ocasión, «el teatro ha de construir experiencia poética». Con emocionada admiración, y señal de congratulación, dejo pues esta entrada. 


Enlaces al discurso toma de posesión sillón M de la RAE:









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Florilegio de poemas: 


*De Roberto Juarroz, en Poesía vertical:


«El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae, 
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.
Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.
Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector.»

——-

«La palabra es el resumen del silencio,
del silencio, que es resumen de todo.»

——-

«¿Cómo poner una palabra en el paisaje
sin que el silencio se asuste / …?»

——

«Celebrar el silencio.
¿Hay otra manera de celebrar la palabra?»

——

«Me dirijo palabras a mí mismo,
como si añorase a otro en mí,
caleidoscopio autoverbal
que a menudo me traba
las otras formas de elocución o diálogo.
Y también el silencio
y sus imperceptibles expansiones.»

——-

«Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.

O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro.»

——-

«Una invasión de palabras
trata de acorralar al silencio,
pero, como siempre, fracasa.

Intenta luego arrinconar a las cosas
que habitan el silencio,
pero tampoco lo consigue.
Y va por fin a cercar a las palabras
que conviven con el silencio,
pero entonces se produce lo imprevisto:
el silencio se convierte en palabra
para proteger mejor a las palabras
que conviven con él.

Y mientras la invasión de las otras palabras
se desvanece como un soplo furtivo,
se completa lo insólito:
las palabras que quedan
se asemejan ahora mucho más al silencio
que a las otras palabras.»

——

«Sacar la palabra del lugar de la palabra 
y ponerla en el sitio de aquello que no habla: 
los tiempos agotados,
las esperas sin nombre,
las armonías que nunca se consuman,
las vigencias desdeñadas,
las corrientes en suspenso.

Lograr que la palabra adopte
el licor olvidado
de lo que no es palabra,
sino expectante mutismo
al borde del silencio,
en el contorno de la rosa,
en el atrás sin sueño de los pájaros,
en la sombra casi hueca del hombre.

Y así sumado el mundo,
abrir el espacio novísimo
donde la palabra no sea simplemente
un signo para hablar
sino también para callar,
canal puro del ser,
forma para decir o no decir,
con el sentido a cuestas
como un dios a la espalda.

Quizá el revés de un dios,
quizá su negativo.
O tal vez su modelo.»

——-

«Y también en el fondo
o más allá del fondo
no dejo de escuchar una música
a la que se parecen
todas las otras músicas,
no dejo de escuchar un silencio
que pasa como un duende
por todos los silencios.
Y desde allí se oye claramente
las ondas detenidas,
las fósiles mareas
del silencio futuro,
del silencio final.»

——-

«Un silencio por fin deshabitado.
Ni piedad ni amenaza:
la honda seguridad
del silencio sin nadie.»

———

«Las palabras se desfondan,
salvo en el hueco inasible del poema,
en su loca profecía de presente.

Sólo el silencio permite el reconocimiento.
Pero el silencio ya no existe.
Sólo existen las ruletas enajenadas
que no aciertan ya ningún número
y distraen de la cifra de la muerte.

A veces, sin embargo, el silencio renace
como un espacio que reemplaza al vuelo,
entre ciertas palabras que se olvidan del oído,
ciertos dolores que parecen amores,
ciertas caídas que ascienden no sé dónde.

Entonces el silencio rescata a las palabras
o las palabras abandonan sus traiciones
y generan nuevamente el silencio,
como el único terreno disponible
donde pueden germinar casi en la nada
las semillas que creímos imposibles.

Y si hubiese una cosecha,
aceptaríamos también que esa cosecha
la recogieran otros.»

——-

«No puedo levantar la palabra nueva
que yace entre los matorrales
como una moneda caída.

No puedo tomar esa moneda
y entregarla al pordiosero que hay en mí
o al que marcha a mi lado.

No puedo adquirir con ella otras palabras
o por lo menos sus moldes de silencio
para acuñar mañana sus efigies.

En vano he aprendido a inclinarme.
La moneda que busco
sólo puede encontrarse cambiándose por ella
y quedando en su sitio entre los matorrales.

La palabra que busco no está en la zarza ardiente,
que habla y después se extingue,
sino en la zarza apagada
que no cesa de hablar.»

——-

«Dividendos del silencio.

¿Qué puede escuchar un oído
cuando se apoya en otro oído?

La ausencia de la palabra
es un largo signo menos
que se desprende de su cifra.

El color es otro modo
de reunir el silencio.
La forma es un espacio distinto
que presiona al otro espacio
como si fuera una cáscara.

Un pájaro retrocede
ante un sol cuadrado y negro
y se para al revés sobre el alambre
donde calla un pensamiento.
Y el pensamiento retrocede a su vez ante el pájaro
como la goma de una honda
que arroja proyectiles de silencio.

Un pez enloquecido
desparrama el corazón del agua
en el centro del hombre
y allí abre el espacio
donde puede nadar
el silencio del pez,
su acrobacia de ausencia.»

———-

«Palabras que existen recobraron su silencio.»

———

«Soñamos con un lector perfecto.
Superior a nosotros.
Mejor aún que la propia lectura
de nosotros mismos.

Para él escribimos,
aunque no exista.
No podemos dejar de sentir
que se esconde detrás de ese silencio
que arrastran las palabras
como una túnica partida.

Quizá si persistimos
en este oficio desolado
de elevar torres sin andamios,
el lector que no existe
despierte alguna vez
allí donde el lector
ya no es necesario,
porque al final toda lectura se lee sola.»

———

«Las respuestas se han acabado.
Quizá nunca existieron
y sólo eran espejos
enfrentados al vacío.

Pero ahora también las preguntas se han acabado.
Los espejos se han roto,
hasta los que no reflejaban nada.
Y no hay modo de rehacerlos.

Sin embargo,
tal vez quede en alguna parte una pregunta.
El silencio es también una pregunta.

Resta un espejo que no puede romperse
Porque no se enfrenta a nada,
porque está adentro de todo.

Hemos encontrado una pregunta.
¿Será el silencio también una respuesta?

Quizá a determinada altura
las preguntas y las respuestas son exactamente iguales.»




* De Manuel Ruiz Amezcua. Una verdad extraña:


«Entiendo la palabra, 
ahora que la clave es el silencio.» 

—-

«Busco el calor que no tengo
en el azul de esta tarde. 
Algo parecido al sueño en sus profundos estanques. 
 … 
Algo que saque de mí
la tristeza y el cadáver. 
Algo que roce el silencio 
pero diga sus verdades». 

—-

La impotencia que se siente
ante una verdad extraña
tiene el halo indescifrable
de lo que llamamos alma.
Porque n tiene otro nombre,
ni otra cara, ni otra máscara
que la del vacío eterno
amarrado a las palabras.
...
La eterna respuesta eterna,
desde un silencio culpable.»

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«Un silencio que me ampare
de las maldades del mundo». 

—-

«Malgastamos el tiempo.
Cambiamos  nuestro sitio. 
Malgastamos silencio
en cuerpos que se buscan 
hinchados de dominio.» 

—-

«En la cuenca tardía del silencio.
En el tiempo más que hueco de la tarde, 
¿hubo siempre mentira universal?
En la palabra cambiada
por el miedo y la venganza,
¿no hubo siempre mentira universal? //»

—-

Cansada como siempre
de tanto laberinto, la conciencia
ofrece fríamente
los trozos ignorados
de su ser silencioso,
la horrible majestad que nos rodea.
...
Palabras sin destino
que una mentira fría sobre el rostro
traiciona en los demás.

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Toda la verdad del mundo,
y el silencio que la araña,
buscándose en la conciencia
la plenitud de la máscara.

----

«Nos preparan para el ruego
y también para el silencio.

Nos regalan la amenaza
de la crueldad de sus sueños».

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Como una sombra que a la luz se atreve,
ni el silencio te pertenece.

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Sobrehumano silencio,
¿qué contornos alberga tu miseria?
Sobrehumano silencio,
ociosa espuma herida.
Tú, destrucción perpetua de mi vida.

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«Las blancas entrañas del silencio».

—-

«Cobijando en la paciencia
la construcción del silencio».

—-

«Derrotado, pero vivo,
buscó en las palabras
gotas de silencio». 

—-

«He aprendido a masticar el silencio
haciéndome preguntas.

Háztelas tú también.». 

—-

«La claridad del día
no comprende la ausencia, 
ni la espera angustiosa,
de las palabras vivas,
de los silencios secos,
de los silencios huecos, 
de los silencios muertos …». 

—-

«Los árboles despiertan
y sus ramas se abrazan con el mundo
y se alzan soberanas
en busca de los cielos.
Sus raíces alcanzan lo imposible
a través del silencio
de lo vivo y lo muerto. 
Y escuchamos las voces 
donde duerme el silencio… 

Donde el fuego se enciende 

y regresa el misterio… »