martes, 12 de febrero de 2019

CUANDO EL ROSTRO ES UNA MÁSCARA


Velada Faz

A ciegas, puedo reconocer la faz 
que se esconde detrás de su rostro 
máscara de rostro amable. 
La veo muy clara, aún a cubierto 
en el rincón oscuro 
de una plaza pública sin luces. 
La veo resplandecer en la noche cerrada 
que clausura el día en su oscuridad. 

Es la faz megalómana, soberbia y orgullosa, 
narcisa, egocéntrica y egoísta, 
resentida, obstinada y paranoica, 
taimada y oblicua, retorcida,
irresponsable, incohesiva y divangante. 
Es la faz filocrática e irrefrenable 
en su insatisfecha voluntad de apoderamiento.
Es la faz de quien todo lo vuelve personal, 
a favor o en contra de su persona,
en un teatro de máscaras 
que representa el drama 
de una comunidad máscara de sí misma.

Y puedo reconocerla porque 
antes la vi muy de cerca 
presidir claustros y dirigir conventos 
con su figura de falso pantocrátor: 
concediendo prebendas y privilegios, 
distribuyendo cargos, repartiendo las horas 
como quien vende y compra el tiempo,
reproduciendo, al fin, copias de sí misma. 

Porque ayer miré cara a cara esa faz 
de quien rompía la regla 
hasta en su cumplimiento, 
es por eso que hoy la reconozco 
amenazante, inyectando miedo, 
con el descrédito y el digital destierro, 
negando el pan y la sal, arrojando a los extremos
a todo el que presente cara 
a la cara oculta del nuevo rey sol, 
máscara con rostro de soberano amable.



(tvb)




lunes, 28 de enero de 2019

CRÓNICA DE UNA MÁGICA NOCHE DE TEATRO


«Admiro su manera, sorprendente en la situación que conocemos, de recuperar el uso probablemente general de los grandes poetas que extraen sus metáforas de lo que está próximo y parece insignificante, y convierten en vivaz todo un conjunto enmarañado de situaciones banales, barajadas de nuevo en beneficio de una expresión más profunda, para introducir en las percepciones más débiles, fundidas en la expresión de una imagen, una densidad magnífica y contundente».

(De una carta de Walter Benjamin a Hugo von Hofmannsthal, 28.12.1925)

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Como adelanté en una de las anteriores entradas, el pasado jueves 24 de enero asistiría a la representación de la obra El Mago de Juan Mayorga en el teatro Lope de Vega de Sevilla.  Y así ha sido. 

¿Resultado? Tanto a las personas con las que asistí como a mí, la representación nos gustó mucho; y cuando digo «nos gustó», me refiero de nuevo a la facultad del gusto estético de la que habló Kant en su tercera crítica. ¿El resto de los espectadores? Pues no pregunté a nadie, pero sí que dejé el oído colgando por el aíre, como suelen hacerlo algunas personas en pueblos y barrios cuando quieren tomarle el tono a la opinión ambiente. 

¿Y qué se decía? En general, por lo que puede escuchar, las personas salieron complacidas y valoraban bien la representación. En algún caso comentaban cierta dificultad para captar el sentido completo de la obra. Hubo incluso quien dijo haberle recordado, en cierto momento, una película de Buñuel. Lo que más se destacaba era cómo se conjugaba la imaginación, el humor y los momentos serios que llaman a la reflexión. Luces, decorado, tiempo de la obra y su desarrollo fueron bastante bien valorados por lo que pude oír de un par de grupos. De los actores, palabras mayúsculas de admiración. Y todo en concordancia con varias tandas de aplausos por parte del público al acabar la función teatral, aplausos con el inconfundible ritmo local. 

Por otra parte, he leído algunos de los textos publicados en la crítica periodística. Dejo enlaces a algunos de ellos para que cada cual, tanto si ha visto la obra como si no, se haga una idea sobre la recepción que está teniendo la misma. En mi opinión, no es necesario que cada nueva obra de un autor sea la mejor obra de su producción, ni siquiera que cada una de sus obras sean todas unas obras maestras. La excelencia tiene un rango, y lo sobresaliente cae dentro de él; al igual que la prominencia, se distribuye de forma gradual y distinta en cada uno de los elementos o aspectos que componen las representaciones. Esto, algo casi evidente, es lo que alguna crítica no alcanza a comprender, además de no darse cuenta de que las obras de arte están abiertas a una recreación de sentido por parte del espectador, lo cual no quiere decir que deba imperar el canon del subjetivismo. Y es esta apertura la que carga al espectador con la tarea de un gozo estético que no es meramente pasivo. En el teatro, como en tantas otras formas de la cultura, no solo uno ve u oye lo que ve y oye, sino que es uno quien mira y quien escucha. 

Por mi parte, quiero resaltar que la dualidad entreverada «humor/reflexión», que tiene lugar en el tempo de la obra, se reflejó muy bien en las oportunas alternancias de risas -sin estridencias- y silencios - muy atentos- que se sucedieron durante toda la velada teatral. Algo que la maestría interpretativa de los actores ayudó para que fuese posible. Lo cual, sin una muy buena dirección tampoco lo sería. Y lo que digo, entiendo que no es asunto secundario. Ciertamente, por el acomodo de dirección e interpretación con la reacción que esta provocaba, me hice más consciente de dicha dualidad. Fue en un momento de la representación, cuando ya iban decantándose las ubicaciones de los personajes, que me acordé del discurso que Rafael Sánchez Ferlosio pronunció en el año 2004 en su recepción del Premio Cervantes. El discurso se tituló Carácter y destino. Recomiendo su lectura, para la cual también dejo anotado un enlace al final.  

Comienza Sánchez Ferlosio contando cómo un día acercó a su hija pequeña a una función teatral de guiñol cuando esta ya había comenzado, lo cual no impidió a la niña entrar de lleno en el mundo de aquella puesta en escena. Esto le dio pie a Sánchez Ferlosio para acordarse de un ensayo de Walter Benjamin -a quien por otra parte Juan Mayorga conoce como muy pocos han logrado hacerlo- donde el segundo reflexionaba acerca de la definición y distinción de los conceptos de destino y carácter. Pues bien, en su discurso, Sánchez Ferlosio tomó este par de conceptos para distinguir, con varios ejemplos literarios y sociológicos, entre personajes de carácter y personajes de destino, entre personajes de manifestación y personajes de argumentación, personajes de comedia y personajes de drama, personajes de felicidad y personajes de satisfacción, etc. 

Y no digo yo que intencionadamente Juan Mayorga haya creado una obra en base al conocimiento profundo que sin duda tiene de esos textos de ambos autores.  Lo que digo es que esa tipología, por decirlo así, la entendí corresponderse entre el personaje central de la obra -personaje de manifestación o carácter- y el resto de personajes -personajes varios pero todos ellos de argumentación o destino-. Claro que la cosa no acaba ahí, porque resulta que, conforme avanzaba la obra hacia su final, y más aún tras el final, uno pensó que al personaje central tal vez le ocurra lo que según Sánchez Ferlosio le sucede al Quijote, a saber: «El ser personaje de destino es la obra de su carácter; por eso, lejos de disminuir su condición de personaje de carácter, la confirma y reduplica». Es como si la magia, en cierta forma, incluyese a la vez la felicidad -gratuita- y el argumento -que la reivindica confundiéndola con la trabajada satisfacción-. Algo a lo que ningún personaje ni ninguno de nosotros puede escapar. Demasiada complejidad para llevar una única máscara. Demasiada complejidad para saber cuál es la máscara de la verdad, por mucho que -como decía Benjamin- la verdad esté excluida del mito. 

Por tanto, recordando el final del discurso de Sánchez Ferlosio («El argumento se quedó parado y sobrevino la felicidad») me sigo preguntando qué clase de personaje es quien, en el instante final de la obra, toca en la puerta mientras el personaje central pronuncia las últimas palabras antes de que todos cerremos los ojos. Me pregunto si seré yo quien toca en la puerta, y si entraré en el mundo mágico como un personaje de carácter o de destino. Preguntas a las que me lleva el espléndido teatro, el magnífico teatro escrito y representado. Y sí, cómo no, es para estarles agradecido.

(tvb)



ENLACES: 



1. Discurso de Rafael Sánchez Ferlosio (Premio Cervantes 2004):

https://www.almendron.com/politica/pdf/2005/spain/spain_2356.pdf













sábado, 26 de enero de 2019

«NUESTROS»


Aunque no estoy seguro de que al autor -Fernando Savater- le gustara que este artículo suyo se lo considere un uso público y paradigmático de la memoria democrática, frente a la historia, sin embargo, como tal lo valoro yo. Es para mí una cabal memoria. Y estoy de acuerdo con lo que él expresa. Para quienes preguntan qué es reconciliación -el «nuestros» ampliado e inconfundible con el sectario «de los nuestros»- aquí hay una respuesta muy precisa.

(tvb)


https://elpais.com/elpais/2019/01/24/opinion/1548344040_128874.html


DOS NUESTROS

Fernando Savater

El País, 26-01-2019.

Esta semana hemos recordado —con flores, con palabras, con lágrimas— dos muertes violentas: la de Enrique Ruano, hace 50 años, y la de Gregorio Ordóñez, hace 24. Dos hombres jóvenes que desafiaron la obediencia debida impuesta por sistemas criminales y pagaron por ello. Además de su coraje, les vinculan otras aproximaciones circunstanciales: uno de los premios Enrique Ruano a la defensa de los derechos humanos, que se conceden cada noviembre, recayó en 2018 en Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio. Y el homenaje del pasado domingo a Enrique Ruano ha tenido lugar en los jardines de Gregorio Ordóñez, en Madrid. Por eso Consuelo, en su cuenta de Twitter, ha subrayado este parentesco democrático entre ambos luchadores. De inmediato ha recibido objeciones en la red de quienes justifican una muerte pero no la otra o vitorean a uno de los caídos y menosprecian al otro. Los unos tienen a Enrique por un corifeo comunista, los otros a Gregorio por un facha y ambas piaras colaboran en volver a matarlos a los dos. No es una de las dos Españas la que hiela nuestro corazón, sino la atroz semejanza entre quienes creen que hay dos.
Enrique y Goyo, de haber llegado a conocerse, habrían discrepado ideológicamente en muchos aspectos, como suele pasar entre personas preocupadas por el bien común en una sociedad democrática. Pero creo firmemente que estarían de acuerdo en algo esencial: la necesidad de un orden político que acogiese sus discrepancias y las encauzase sin violencia ni terror social. Desde luego, ninguno de ellos hubiera levantado su mano contra el otro. Ambos se parecieron en aspirar a una convivencia en la disidencia bajo leyes acordadas, es decir, a la libertad. Pero aún más parecidos entre sí son quienes les arrebataron ese derecho.



 

sábado, 19 de enero de 2019

LAS ANDANZAS DEL SABER FILOSÓFICO


Comparto aquí estos enlaces de vídeos correspondientes a dos magnificas entrevistas del filósofo Reyes Mate que han sido emitidas, recientemente, en el programa «La aventura del saber» de RTVE2. Asimismo, incluyo un par de reseñas mías a dos libros de Reyes Mate. Aunque una aparecerá publicada en la revista La Torre del Virrey, dejo aquí el texto de la misma donde comento el último libro de Reyes Mate: EL TIEMPO, TRIBUNAL DE LA HISTORIA (Ed. Trotta). La otra reseña es de la primera edición -2011- de su TRATADO DE LA INJUSTICIA (Ed. Anthropos), de la cual enlazo el lugar en que se publicó entonces, lo hago con motivo de la reciente segunda edición de este libro de Reyes Mate. 















RAZÓN DE LOS VENCIDOS, RAZÓN DEL TIEMPO

por Tomás Valladolid Bueno. 


Reyes Mate. El tiempo, tribunal de la historia. Trotta: Madrid, 2018. 


La puesta en marcha del Espíritu o de la Razón (así con mayúsculas) en el devenir del mundo y de la historia, no pocas veces tiene resultados contrarios (léase catastróficos) al Espíritu y a la Razón, que son tenidos por Fundamento del ser y del acontecer. Pero también en momentos de la historia en los que ambos se escriben con minúsculas, la dialéctica del espíritu o de la razón ha significado que el reino de la libertad devenga en el imperio del terror o de la barbarie. Y si no queremos ponernos muy hiperbólicos en nuestras referencias, diremos que en bastantes ocasiones las movimientos de emancipación se tornan reaccionarios. Y es que cuando la razón levanta el vuelo, lo hace como paloma y como rapaz: cuando regresa al nido, en sus garras trae carne fresca y en su pico un rama de olivo. El Estado de la Razón y la Razón de Estado se entretejen a lo largo de la historia. 

1. Precisamente, este libro que reseñamos ahora, El tiempo, tribunal de la historia, es el último de un filósofo, el profesor e investigador Reyes Mate, que ha tratado de dar cuenta crítica de ese proceso dialéctico en que la razón anda enredada con las dinámicas del horror. En sus libros y ensayos, Reyes Mate expone una filosofía crítica de la historia vinculada a una singular idea de tiempo y de justicia, donde la ética y la política son pensadas como condiciones de interrupción o reparación de los males asociados a la razón de los verdugos, reincidentes ella y ellos en sus victorias. En definitiva, un modo de pensar y una voz filosófica de alguien que conoce muy bien las andanzas de ese saber o saberes que suelen taparse (y tapar) los ojos para no ver las injusticias y así olvidarlas cuanto antes mejor. Al contrario, Reyes Mate, ha insistido en presentar la memoria como necesaria si es que no deseamos que la aventura del saber y del actuar propicien más desventuras. 

Estamos, por tanto, a vueltas con la razón de los vencidos, una razón que, por lo demás, nos alerta preguntando por nuestra personal complicidad con los verdugos, impidiendo que nos instalemos muy cómodos en una dudosa, por lastimera, empatía con las víctimas. Elias Canetti, en cierta manera, apuntó también a esto mismo en su Libro contra la muerte cuando dejó anotado que «cuando todo se hunda: hay que decirlo. Cuando no quede nada ... al menos no hagamos mutis obedientemente». Claro, que unas líneas antes había advertido: «Hay algo impuro en ese quejarse de los peligros de nuestro tiempo, como si tales quejas pudieran servir para disculpar nuestro fracaso personal. Algo de esta impura sustancia se halla contenida ya, desde un principio, en los lamentos fúnebres». Al fin y al cabo, la propuesta de Reyes Mate es asimismo la de una racionalidad compasiva, pero una compasión comprometida por ser una ética de la responsabilidad, trasunto de una razón del tiempo. 

2. En boca de su heterónimo Juan de Mairena, decía Antonio Machado lo siguiente: «Sin el tiempo, esa invención de Satanás, sin ese que llamó mi maestro “engendro de Luzbel en su caída”, el mundo perdería la angustia de la espera y el consuelo de la esperanza. Y el diablo ya no tendría nada que hacer. Y los poetas, tampoco.» A lo cual podríamos añadir nosotros diciendo que los filósofos tampoco. Ahora bien, entre estos, no todos dan el mismo trato a esa historia que comenzó con la orden de salida en la carrera del tiempo cuando, según se cuenta, un ángel se coló en ella y arrastró con él en su caída a los humanos. Desde entonces, la injusticia va por delante, y solo gracias a algunos certeros golpes del tiempo vence la justicia de instante en instante. Estas victorias sobre el continuo histórico victorioso se dan si el humano corredor mira hacia atrás y escucha la voz de ánimo expresada en la lengua de los inocentes que van sufriendo, perdiendo y muriendo: la voz de las víctimas. 

Ha habido pensadores que coinciden en defender la modificación de nuestra concepción de la historia cambiando la idea que tenemos del tiempo. Vienen a decir que algunos de los graves problemas que padecemos no encuentran solución porque la concepción del tiempo la hacemos depender de una visión de la historia. Esta sugerencia ha sido realizada, entre otros, por Marc Augé en el campo de la antropología y por Giorgio Agamben en sus primeros análisis sobre filosofía de la historia. Entre nosotros, el filósofo Reyes Mate ha mantenido argumentos -de orden ético y político, aunque también epistemológicos- en favor de una idea análoga a la de estos dos autores. Cosa distinta es el desarrollo que dicha idea ha tenido en cada uno de ellos. Aquí ofrecemos nota, sin análisis comparativo, de un libro en que el autor vuelve a escanciar el tema central de toda su obra. En efecto, Reyes Mate escribe con claridad la grafía de un pensamiento -que ha recibido ya importantes y merecidas muestras de reconocimiento- investido de racionalidad anamnética, o sea, de razón recordante: «Recordar es re-pensar», nos dice. Quien quiera que se asome a esta obra del pensar, hallará un difícil, complejo y valiente proyecto de filosofía crítica donde el conocimiento y la acción se enlazan a un determinado deber de memoria, el cual afecta de manera crítica tanto a la exaltación de la identidad nacional como a las formas que tenemos de hacer la historia. 

Para exponer su concepción del tiempo, frente a nuestro momento «Internet» -término que alude tanto a la realidad como a la metáfora de la época actual, Reyes Mate reinterpreta el sentido apocalíptico del tiempo bíblico y se opone al «gnosticismo» que hay detrás de la idea de la historia como progreso. Reyes Mate retorna, filosóficamente, al imaginario de un comienzo del tiempo para así mostrarnos que otro mundo distinto es posible, y que lo es sin necesidad de resucitar la ilusión del más allá de los dioses ni la resignación de un naturalismo cosmológico. Por tanto, su remodelación de la idea de tiempo tiene la consecuencia de voltear nuestra idea narcisista del hombre moderno.

3. Ante la historia de catástrofes donde se acumulan las injusticias, Reyes Mate nos dice que «a la hora de pensar hay que poner el acontecimiento delante del conocimiento; y a la hora de actuar y de dibujar nuestras estrategias de acción, dar más importancia a lo que hemos hecho que a lo que podemos pensar que hacemos. Se trata de rebajar los humos del Homo sapiens que dicen que somos». La autonomía y la historicidad del sujeto -núcleos de la revolución democrática moderna- son repensadas prestando oídos a una modalidad de «tiempo alternativo»: exigencia de un respuesta al sufrimiento y al mal que los seres humanos causan con el extraviado uso de su libertad y de su razón. El bien, la verdad, la justicia y la paz son resignificadas a partir de la escucha de las voces que emiten las víctimas inocentes. La escucha, como un hacerse cargo de la víctima sin suplantarla, es el procedimiento para que la historia como catástrofe sea juzgada por el tiempo, para que la maleficencia del cálculo utilitarista de progreso encuentre una respuesta de raíz crítica y democrática. La expansión histórica de una razón culpable de su enajenada libertad, obliga a pensar cómo es posible estar a vueltas del objetivo de un sujeto ilustrado que pueda escapar de la fatal dialéctica temporal de la razón. 

Este objetivo será factible solo a condición de repensar la expresión de la injusticia: la verdad transformada en la falsedad de una vida dañada y la libertad en el dominio de una vida falsa. La expresión de un logos del sufrimiento injusto es condición de la verdad, nos recuerda Reyes Mate siguiendo a Adorno; y como respuesta a ese sufrimiento injusto, consecuencia del ejercicio de una libertad culpable, entiende Reyes Mate la idea de un tiempo, el tiempo de la memoria que pone en cuestión la conformista ética de la vida y de la felicidad. Sus palabras, en este asunto, no dejan lugar a dudas acerca de su perspectiva: «Los hay hundidos y los hay salvados. El problema es que, para la memoria, hay una relación entre la fortuna de los salvados y el infortunio de los hundidos. Por eso los vivos tienen que hacerse cargo de los muertos, los ricos de los pobres y los que tienen esperanza de los desesperados. Sin echar sobre nuestras espaldas la causa de los demás, los felices, los vivos, acabaremos reproduciendo la muerte, la miseria y la desesperación sobre las que se ha fraguado nuestro bienestar». 

Por tanto, esta forma filosófica de filtrar el imperativo ilustrado del sapere aude (Kant), del modo en que lo hace Reyes Mate, pasándolo a través de ese cedazo que es el nuevo imperativo categórico de que Auschwitz no se repita (Adorno), es digna de resaltarse en un contexto intelectual como el que nos rodea, donde existen enconados y reaccionarios recelos contra una memoria que filtra los negros posos de la historia, recelos que guardan incluso algunos de los que la llevan de estandarte: «el deber de memoria -escribe Reyes Mate- no solo incomoda al pensamiento conservador, sino también al crítico». Y no digamos ya en un contexto político-mediático en que un enquistado sectarismo partidista de la política lo disuelve casi todo en su esquema polarizador con tal de que asegure futuros réditos electorales. 

No diremos que la filosofía de la memoria de Reyes Mate es la solución de todos nuestros problemas teóricos y prácticos. No hay en ella una presuntuosa intencionalidad holista. Pero sus razones contra la sinrazón de una razón desmemoriada desvelan los pies de plomo de los grandes colosos del pensamiento, desentierran los peligrosos cimientos del edificio del Espíritu y de la Razón. Así pues, incidiendo en este sentido, acabamos esta nota como la iniciamos, citando de unas iluminadoras palabras de Antonio Machado: 


«De lo uno a lo otro es el gran tema de la metafísica. Todo el trabajo de la razón humana tiende a la eliminación del segundo término. Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad=realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en “La esencial Heterogeneidad del ser”, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno»

(tvb)











martes, 15 de enero de 2019

«CUANDO TODO TERMINE»

A Alfonso Valladolid Frías


Ya no veré salir el Sol 
cuando la linea del horizonte 
se borre de tus ojos
con el frío gris de una mañana 
vacía de luz y de amores.

Que veré ponerse el Sol
cuando la silueta de la montaña
se borre del horizonte
y se derritan los verdes colores
en el fondo de tu pupila azul.

Volveré a verte y a sonreírte
cuando la Luna a ti y a mí regrese 
donde la gran noche oscura
cuando todo termine, y estemos 
muy distantes del Sol naciente. 




(tvb)






lunes, 14 de enero de 2019

«MILITANTES»


Hace un par de días, un buen amigo de toda la vida me ha enviado un correo electrónico adjuntando una carta que la persona titular de la Secretaría General de un partido remite a sus militantes. Desde el comienzo hasta el final, la misiva es una auténtica arenga. 

No voy a exponer su contenido ni las emociones y pensamientos que su lectura me han ido despertando. Diré solo que, al terminarla, ante tanta improbidad partidista, me acordé por contraste de un artículo publicado hace cuatro años en un diario latinoamericano. Este apareció con la rúbrica «Acerca de militantes, camaradas y compañeros», y lo conocí porque mi también querido amigo Vicente Torres lo incluyó completo en su libro titulado «2016. AÑO BISIESTO. Diario un tanto particular» (págs. 100-104). 

Escribo el enlace a la página web donde puede leerse el texto de dicho artículo. Lo hago atendiendo a la clarificación terminológica que lleva a cabo el autor, Francisco Javier Guardiola. Pero la voluntad principal que me mueve a traerlo aquí es la misma que este expresa en su último párrafo: 

«He querido poner estos pensamientos más o menos desordenados nada más que para esbozar un contraste y profesar mi humilde admiración hacia aquellos jóvenes argentinos que aún tienen una actitud de compromiso sin ejercer ninguna descalificación hacia quienes piensan diferente; a los que estudian o que trabajan o que buscan hacerlo y que se forman todos los días para ser mejores y se nutren de un sentido humanista de la vida sin olvidar el crecimiento individual; jóvenes que en el ejercicio de la libertad de pensamiento y de acción, no vulneran el derecho y la libertad de nadie; jóvenes que no se ven atraídos por el gesto descompuesto de fanáticos de santo y seña y que no obedecen nunca a catecismos doctrinarios de sectas partidarias».




(tvb)




sábado, 12 de enero de 2019

IMPOSIBLE ESCRITURA

Comparto dos poemas para rendir tributo -y gratitud- a quienes han establecido un vínculo inexorable entre la escritura y su propia persona. Homenaje a su descomunal esfuerzo de pluma, con que se entregan al imposible hacer, al imposible hallazgo, en su incesante búsqueda de la palabra. Fuertes abrazos y feliz sábado. 

  1. De María I. Saavedra- La ciudad etérea (2018).
¡Qué esta vastedad
Contenida en un solo latido
residuo de un sueño!

Algo tan pequeño y dilatado
como cuando el Uni-verso

Quizás se trate solo de aquel
genio maligno del analista,
de algún poeta o de mí misma

Que siempre me interpela
con esa -punzante- especie
de análisis interminable

¡No consuma! ¡Solo expira!
¡Pero no concluye como el deseo!
¡Que no hace metáfora como -si-
la misma sombra!

(María I. Saavedra)



        II. De Manuel Emilio Castillo, Desierto, Ed. Vitruvio, 2018. 


ANTE LA NADA

Ante todo,
me siento muy cerca de ti.

Aguardaré las palabras hasta que lleguen,
el oficio del esmero,
endemoniado o sublime.

Voy de regreso,
hacia lo más remoto,
bajo ese parpadeo
de astros sin universo.

Busco a un Poeta.
Voy a cruzar el vacío que nos une,
a asumir un miedo desconocido,
a perpetuar el concierto de la luz. 

(Manuel Emilio Castillo)


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Nota: El primer poema me lo etiquetó en Facebook Maria Isabel Saavedra. El segundo me llegó con el envío que el autor, Manuel Emilio Castillo, me ha hecho de su último libro titulado Desierto. Élla y él grandes poetas. La imagen de la fotografía (cianotipia) de mi gran amiga Encarna García Cabrero, que con su cómplice generosidad contribuyó a un hermoso regalo que me hicieron mis tres hijos el pasado día de Reyes Magos. Estupendas dádivas. Emoción agradecida de un padre, de un amigo, hacia los seis. 




viernes, 11 de enero de 2019

DESOBEDECER, ¿DE VERDAD DE LA BUENA?


Cuando llega la hora en que hay que desobedecer al desobediente, o sea, desobedecer a la desobediencia oficial o instituida, entonces el valiente «homo sapiens» (tan «erectus» él, subido al balcón o saltando en medio de la plaza) comienza a encogerse y a convertirse en el sapiente hombre de la prudencia y de la responsabilidad. En realidad, no es nada prudente ni responsable, solo que ahora obedece una voz interior que le conmina a seguir interesadas evasivas de evitación, a no meterse en jaleos y a pasar de largo sin pisar los charcos.

Cuando se trata de presentar cara, desobedeciendo a la autoritaria desobediencia, en esos momentos, las llamadas al retraimiento y a que reculemos se hacen mucho más intensas que cuando alguien intenta disuadirnos para que no desobedezcamos a la autoridad normal, a la que solo lo es por obediencia. En esos momentos, vuelven a escucharse -acompañadas con redobles de tambor- aquellas expresiones que apelan al cuidado y advierten de graves peligros: «No te pilles los dedos; no vayas a salir escaldado; no meterse en camisa de once varas; y qué necesidad hay de eso; no vaya a ser que saliendo a por lana vuelvas trasquilado; deja la fiesta en paz; a ti no te han dado vela en ese entierro; hay que nadar y guarda la ropa; juega sin descubrir tus cartas; en boca callada no entran moscas; no entres al trapo; hay que morderse la lengua; tú a lo tuyo, etc.». 

¿Les suenan estas advertencias? Pues no las olviden si les llegan esas ocasiones en que nos las decimos o nos las dicen para convencernos de que no nos trae cuenta desobedecer al desobediente. Piensen en la condición ética del ser humano. Recuerden la sentencia de Protágoras según la cual el hombre es la medida de todas las cosas. Y pregúntense: ¿también lo es de sí mismo? Si por un momento llegan a pensar que el hombre es un mito para el hombre, entonces, tal vez pensarán que no está todo perdido. 

PD. Si leen el libro de las fotografías, les parecerá mejor libro cuando las razones que ahí se dan para desobedecer también se aplican en esos casos que he comentado más arriba. Y si creen que les lleva a una paradoja irresoluble, por la cual debemos obedecer siempre al astuto y falso desobediente, entonces, acudan a buenos libros de lógica y verán cómo hay otras salidas.


(tvb)