sábado, 11 de abril de 2026

A MERCED DE…

La meditación busca un remate imposible. En su escritura, presenta un cierre que se va deslizando como un glaciar. Alguien nota que las palabras se desplazan tal que estaciones de una vía muerta. Pero en realidad, resbalan por un vía crucis sin término. Ya no se puede sangrar más con la tinta. Se habla a sí mismo, se abraza a él mismo en guerra contra sí y fuera de sí. Extraño en su amor de sí y para sí. A merced de …


EN CARNE ÍNTIMA


Dímelo tú,

que por vengativa 

ceguera 

-de orgullo e inquina-

mal te mueres.

Dímelo tú, no calles. 


¿Qué sientes 

en la mañana tardía,

cuando no eres 

lo que eras,

cuando ya no seas 

lo que ahora 

crees que sí eres.

Cuando no halles

en la niebla 

—diurna-

eso que de noche 

esperas, y luego

tu alma aborrece?


No soy soldado, 

ni a la guerra perdida 

he ido, no soy poeta 

del exilio retornado.


Soy una frágil cáscara 

de lo humano

-y de lo humano un eco-

sin ser soldado

con máscara de poeta

y mohosos laureles.


Soy carne malherida

que no esquiva 

ni rehuye la lucha,

soy carne de tu carne 

con las suturas abiertas,


rendida a la muerte

y besando la vida.


(tvb)